" Las Viudas "

" Las Viudas "
acuarela sobre papel de arroz de alto gramaje

Esta Es Celestina Funes .II Poema Lucia Miranda

Continuo el dia de hoy, con los siguientes parrafos del poema de Celestina Funes.
Lucia Miranda.
 Bella cual los ensueños,
Crëaciones de luz y de armonía
Que en esplendente coro
Nos pinta la atrevida fantasía
Allá en la adolescencia,
Brillante rayo de oro
Del cielo de la mísera existencia;
Era Lucía, la heroina triste
De aquel drama sombrio
Que un día presenciaron
Las claras ondas del grandioso río.
Su patria , Andalucía,
Sobre su cuerpo prodigado había
Sus gracias seductoras:
La luz de sus auroras
En sus ardientes, expresivos ojos,
Velados por magnificas pestañas,
De sus tardes los vividos sonrojos
Y el blanco de sus frescas azucenas
En sus tersas mejillas ruborosas,
El ébano brillante de sus bosques
En sus trenzas sedosas,
Sus finas perlas, su coral luciente
En su graciosa boca,
Tesoro de dulcísimas sonrisas,
Y el canto de sus olas y sus brisas
En su mágica voz , que si vibraba
Con su música del cielo
El oído embriagaba!
Era muy bella la infeliz Lucía,
Era dos veces bella: poesía
Al par que la hermosura transitoria
De gracias materiales,
Los sublimes encantos idëales,
Esa hermosura , inmarcesible palma
Que no agotan los años:
La belleza seráfica del alma !
De tierno afecto conyugal modelo,
Sobre la frágil nave
Dejó las playas del nativo suelo,
Hermanos, amistad, madre amorosa,
Los sitios de su infancia venturosa
De recuerdos tan tiernos,
Para seguir sobre la mar bravía
Al esposo feliz á quien un día
Jurara amor eterno.
Por el también sufría 
Con cristiana paciencia, la amargura
De una existencia aislada é insegura,
De la suerte de los bárbaros ultrajes,
Y el constante peligro
De vivir rodeada de salvajes!
Mas ¿ que dicha, aunque sea
El mas precioso encanto de su vida,
Las afecciones de su ser mas caras,
No es capaz de inmolar sobre las aras
De la imagen querida
Una mujer que quiere con el alma?
Propia felicidad, preciosa calma,
Bienestar suspirado:
! No valeis en el mundo
Lo que la paz de un corazon amado!
Así , para Lucía , fueron nada
Los goces de sus lares,
El dulce amor de su familia amada,
Todo fué a deponerlo en los altares
Del amor de su esposo, y desviando
Del cuadro de la patria tan risueño
Los ojos , suspirando,
Sobre el mísero leño
Surcó sin miedo el hórrido oleaje
Para habitar la americana tierra
Bajo el odio implacable del salvaje!
Mezquina y azorosa
Era la vida en ella: a toda hora
Del indio la acechanza
El hambre,la míseria aterradora,
Tal vez la muerte en manos del impio,
Fatídica esperanza
Que les guardaba el porvenir sombrio!
! No importaba! sus almas
Se profesaban sin igual ternura
Que hacia por si sola su ventura;
Si un día la existencia les robaba
Con su odio el indio, siempre
Tendrian consuelo
De sentir rotos los carnales lazos
Entre mutuos abrazos,
Y volar juntos al ansiado cielo!
IV
                   Mangora
                                  Mangora, gefe de los Timbúes,
                                  no pudo resistir á los dardos
                                  inflamados del amor
                                                           Funes
Como el río que yendo desbordado
De súbito siente
por un dique obligado
A detener su rápida corriente,
Trocado aquel empuje
Que, libre, en la pradera
Hacinaba despojos por doquiera,
En formidable ajitacion que ruje
De la onda en el seno
Como en la entraña de la nube el trueno;
Así la tribu del Timbú salvage
Que inundaba la tierra que dos ríos
Azotan con su oleaje,
Por la española hueste detenido
Retrocedió con su cacique al frente,
Mangora, el que potente
Como domina el cóndor en la altura
Reinaba en la llanura,
Hasta aquel día en que el íbero osado
Surcó su río amado.

 ! Ay ! desde aquella hora
Dentro del alma del feroz Mangora,
Como en el fondo del volcan el fuego,
Bullian dos pasiones:
! Odio, capaz de insólito exterminio,
Amor inmenso, ciego!
Odio al conquistador cuya braveza
Venía a disputarle su dominio,
Y amor.....hacia Lucía,
Aquella diosa de sin par belleza
Que un español dichoso poseía!
Amaba a esa mujer! Aquel gusano
Que se arrastraba con su brillo vano
De la barbarie en el inmundo cieno,
En su infundado orgullo
Ansió habitar en el hermoso seno
De aquel blanco , riquísimo capullo!

 Amor, amor dominador del mundo:
¿ Quien se resiste á tu poder fecundo?
Cuando tu vara mágica le toca,
Hasta el alma del réprobo inhumana,
Cual agua fresca del Oreb la roca
Rico raudal de sentimientos mana !!
Así aquella pasion brotó en Mangora;
Linfa, en su orígen, plácida y sonora,
Despues , rio de lodo
Que fue asolando con su empuje todo!
Su corazón mezquino
No pudo contener aquel intenso
Tremendo amor, como la pampa inmenso;
Cual el volcan que hácia el cristal del cielo
Arroja su ignea lava
Que sin manchar su brillo, vuelve al suelo,
Así de su pasión el cieno impuro
Lanzó al cielo del alma de Lucía
Sin empañarle su esplendor tan puro;
Así volcó en su oído
Endulzando su acento
Cuanto pudo en su rudo sentimiento,
La onda de su amor, y conmovido
Rindió allí en una sola
Promesa de ternura á la española,
Con su alma, su poder, cuanto tenia;
Su extendido dominio
Con sus llanos, sus aves y sus flores,
Sus anchos rios, su espesura umbría
En cambio del favor de sus amores!
! Ah ! Lo absurdo ignoraba
Del insólito afan de su alma loca;
Extraño á la virtud, en su barbarie,
Nunca pensó que fuese en su desvelo
La virtud de Lucía, firme roca
Do se estrellára la onda de su anhelo.
Por eso al oir del labio do esperaba
Promesa hallar de insólita ventura,
Sentencia de desprecio y de amargura,
Nada igualó á la ira
Que desvastó su alma
Con el incendio de espantosa pira!
No abriga mas furor la hambrienta fiera
Que huyendo con afan por la espesura
Del tenaz cazador, en la carrera
Pierde la presa que creyó segura!
Volvió á su aduar, ya muerta la esperanza
De su pasion impura,
Ardiendo de sed de estrago y de matanza,
En tanto que de hinojos
Oraba la infeliz , causa inocente
De aquel amor que hallaba de repente
Como el abismo del horror ante sus ojos,
Cual triste vaticinio
De próxima desdicha y exterminio.
Ya en su morada Mangorá de vuelta,
Libre del espantoso paroxismo
Que ante Lucía anonadó su alma,
Sintió surgir del fondo de su abismo
Tormenta de pasiones, cual del súbito
Allá en las tardes del estío ardiente
Cuando parece que en mas calma se halla
La atmósfera candente,
Con fuerza inmensa el aquilon estalla!
Todo su sentimiento revelado
Se alzó envolviendo en su turbion airado
La débil luz de su razon sombría;
No acertó por si mismo,
Tras largas horas de batalla impía,
A arrancarse del fondo del abismo,
Y fué a pedir en su contienda ruda
A Siripo, su hermano, alguna idea
Para su noche de dolor y duda.
Contóle su pasión, inmensa tea
Que encendió la mirada de Lucía,
Sentimiento profundo,
Su solo afan entónces sobre el mundo,
Pidiendole su mediacion sincera
Para alcanzar la meta de su anhelo:
El suspirado amor de la extranjera.
Mudo, Siripo, le escuchaba en tanto,
Pero mientras su labio se callaba,
Todo su rostro hablaba
En un lenguaje que causaba espanto !
Torba la frente, del rencor velada,
El rayo de la ira en la mirada,
! Que horrores decía
De sus facciones la espresion sombría!
El abrigaba entre su pecho airado
Odio mortal al hijo de Castilla,
Y lavar con su sangre habia jurado
Sus huellas todas en su patria orilla.
Al fin le daba de su mismo hermano
La pasion ciega, impura,
Una ocasion segura
Para cumplir su juramento insano.
Calló Mangorá, y estalló en Siripo
El odio cruel de que se hallaba lleno,
Con brillo de relámpago en sus ojos
Y en su palabra retumbar del trueno!
- ! Al fin, le dijo, se llegó la hora
De vengar del estraño la osadia;
Vuelve á ser hoy, Mangorá,
Lo que fuiste en un dia:
Del valiente Timbú, digno cacique!
! Vamos ! Cansados de tan dura suerte,
Ansiamos solo de tu mano un signo
Para caer sobre el hispano indigno;
Perezcan todos, desaparezca el fuerte,
Y sea de esta accion para nosotros
La recompensa ansiada
La libertad que nos robó el cristiano,
Y para tí,  !oh hermano !
La posesion de la mujer amada!
Escuchólo Mangorá, y hubo luego
Aun en su alma la lucha de un instante
Entre un instinto de piedad y el ciego
Anhelo de su amor, pero el segundo
Venció en la voz que al oido le decia:
! Ha de ser premio de tu accion, Lucía !
- ! Sea ! exclamó, por fin, mas ¿ como puede
Caer á nuestros golpes el cristiano
Si su solo valor al del jaguar excede?
Si mata como un rayo y anonada
Cuanto encuentra al alcance de su espada?
- Destierra el desaliento:
Mañana, al alba, en busca del sustento
Que ya á de faltarles en el fuerte empieza,
Cuarenta partirán de sus soldados;
No han de vencer con su sola braveza
Nuestro numero entónces,
Estan , á mas, en el Timbú confiados:
Si vamos con presentes a su puerta,
Al punto se abrirá sin desconfianza,
Y entonces.......! juzga, hermano,
Sin sin ciertas Lucía y la venganza !


Yo, Eloisa Benitez Millán, continuo la expresión de arte y poesia a traves de los escritos de Celestina Funes.
En pocas horas continua con el capítulo : La traición

 

Poema de Lucia Miranda

Celestina Funes fué prima de mi abuela Adelina Funes de Millán.
Fué Celestina la autora de una de las obras mas bellas:
Lucia Miranda. Año 1883
He aqui su Fotografia. Pude ubicar su libro en una biblioteca de Santa Fé, Argentina.
Luego de recorrer bibliotecas pude hallar esto que para mi es un tesoro.
Es un honor para mi , tener su fotografia y colocar aquí su escrito.

Parte Primera: Introducción.
Mezclando sus murmullos,
Sus perñas y sus nitidas espumas,
Bajo arcos de esmeraldas
Que pueblan de dulcisimos arrullos
Bandadas de aves de pintadas plumas,
Hollando alfombras de vistosa gualda,
Van serpenteando con raudal bullente
El Paraná espumoso
Y el manso y transparente Rio Carcaraña, límpido extremo
De esa cinta de plata
Que anudada en la cumbre de la sierra
Que el reposo de Córdoba defiende
A través de su flanco se desata
Y hasta mi rica Santa Fé se estiende.
Viniendo a entrelazarse
Con un nudo de perlas al undoso
Limpio caudal del Paraná grandioso !
! Con que notas de plácida armonía
Serpeando entre barrancas
Besa la playa su corriente fria,
Mientras extiende en ella los encajes
De sus espumas blancas!
Si oyeseis sus rumores: sonorosa
La música vibrante de sus olas
Al volcarse en el ala vagarosa
De la brisa que cruza la llanura
Meciendo de sus flores las corolas,
Tiene como un acento de tristura:
Meláncolico acorde que parece
Traer a la memoria
El recuerdo lloroso de una historia;
De una historia de amor y desventura
Tierna como el murmullo
De dulces besos infantiles, triste
Como el doliente arrullo
De la torcaz amante que perdido
Llora en las frondas del sauzal, el nido;
Poema escrito con lágrimas en páginas
Del color melancólico del lirio
Donde se halla el alma que el amor sincero
Resiste sin morir hasta el martirio. 
                                 
Conocerla debeis con las grandezas
De la argentina historia,
Entre cuyos espléndidos anales,
Constelacion radiante de bellezas;
Ese suceso de inmortal memoria
Descuella con destellos inmortales.
Mas yo podré, de mi modesta lira
A la rústica voz, que solo enseñan
Las notas del pampero
Y el plácido rumor con que suspira
Del Paraná la rápida corriente,
Ese poema de amores, lastimero,
Contaros nuevamente;
Y sentireis oyendo mi relato
El alma fibra
Palpitar de emocion, y vuestro espíritu
Sentireis como vibra
Al impulso de dulce simpatía,
Por ese ejemplo tierno
De pureza y virtud, de amor eterno. 
! Ah ! no serán, sin duda, mis acentos,
Sin fuerza ni armonía,
Los que inunden vuestra alma
En esos inefables sentimientos;
Muy poco puede la palabra mía!
Será del hecho mismo
La sublime grandeza, la poesia,
Que aun envuelta en la frase sin encanto
De la prosa mas fría,
Puede arrasaros la pupila en llanto,
Turbar en vuestro espíritu la calma
Y alzar con sus detalles
Tromba de sentimientos en el alma!
Oídme, pues, y ya que el arte hermoso
No presta sus encantos
Ni su medida á mis humildes cantos,
Dénme al menos los rios
De mi patria llanura
De sus olas de nácar y de plata
Los rumores de mágicas dulzura,
Las brisas de sus selvas
Su manso susurrar, y la ternura
De sus trinos suaves
Las que cuelgan sus nidos, bellas aves
Bajo perfumadas madreselvas!
II
                           SANTI-ESPIRITU

La América encantada,
Magico eden de luz y de armonía
Que el génio de Colón arrancó un día
De la mar ignorada,
Fué para la anhelante fantasía
Del hijo de la España
Arca inmensa de insolito tesoro!
! Cuanta loca quimera, que visiones
No alborotó en su mente aquella estraña
Desconocida tierra
Que él pobló de fantasticas creaciones:
Rios de plata con arenas de oro
Sobre lecho de ricos minerales;
Y mares de zafiro fulgurantes
Con arcos deslumbrantes
De pintados magnificos corales,
Y peñascos de perlas nacaradas;
Con grutas encantadas
Encerrando en sus senos misteriosos
Caudales prodigiosos !
Do quiera, en fin, bajo el fecundo suelo
Inagotables minas
De innúmeros diamantes luminosos
De ópalos bellos y esmeraldas finas!
Y los hijos de España
Ansiosos se lanzaron tras aquella
Grata promesa de oro,
Dejando el suelo de la patria bella,
Arrostrando la saña
Del furibundo mar, sobre la prora
De la nave atrevida,
Para encontrar a veces solamente
La muerte aterradora
En aquella region desconocida.
Y así estamparon su valiente huella,
De América en la orilla
Del golfo de México espumoso
Hasta el estrecho hermoso
Que el pié acaricia de mi patria bella,
Impávidas legiones
De aventureros mil, que delirando
Con locos y fantasticos ideales
Y ardiendo en sed de oro,
Cavaban de la tierra las entrañas
Para apagar su fiebre de caudales:
Anhelado tesoro
Que al sepultarse en el abismo, avaros
Dejaban por doquiera
Bajo la lumbre limpida del cielo
De América fecunda, cuyo suelo
Orientales riquezas á porfia
En cambio solamente
De la labor honrada les daría.
 Y así tambien llegaron a la orilla
Del Plata , en sus arenas
Clavando el estandarte de Castilla,
Juan de Solís, hábil piloto,
Víctima del salvaje
Señor del Uruguay y sus riberas,
Y el valiente Gaboto,
Que mas dichoso que Solís, surcando
Del Plata el oleaje,
Llegó el grandioso Paraná, ese río
Remedo de la mar, que murmurando
Con sonora armonía
Va de perlas y espumas salpicando
Los anchos llanos de la pátria mia.
Surcó atrevido su raudal ligero
Luchando á cada paso con el fiero
Morador de sus playas,
Y fué a clavar la hispánica bandera
Dó con lados de perlas y de nácar
Forman ángulo hermoso
El Paraná armonioso
Con el plácido estremo del Tercero.
En aquellas magníficas llanuras,
Bajo los verdes bosques
Que bordan las estension de la rivera
Cuyo espeso ramage
Teje la cariñosa enredadera,
Entonces levantaba
Su ardüar el indígena salvaje:
El Timbú valeroso
Como el ágil jaguar de la espesura,
Libre como el pampero impetüoso
Que cruza , murmurando, la llanura;
Sobre los fuertes hombros
Desceñida la inculta cabellera,
Cruzando al pecho su carcaj repleto,
Reinaba por completo
A la voz de su gefe
En el río, en el bosque, en la pradera
En su mismo dominio el veneciano
Puso la planta altiva con su gente
Paz brindando al Timbú, que mas humano
Mas no menos valiente
Que los demás del mundo americano,
O talvez fascinado
Por la altica actitud del extrangero,
Se retiró sombrio
De la rivera de su patrio río,
La arrebatada libertad llorando,
Dejando abandonado
Al veneciano audaz al teatro inmenso
De su poder perdido, mas llevando
En el fondo del alma
Sombría soledad, fúnebre calma
Mil veces mas fatal que la tormenta!
Y ya de la comarca
Dueño Gaboto , sobre el ancho río
Se enseñoreó con su atrevida barca,
Y el pendón español flameó trinfante
En su mano arrogante
En los dominios del Timbú bravío!
Y dominó la escena
Desde la altiva almena
Del fuerte castellano Santi-Spiritus:
Primera contrucción que en este suelo
El genio levantó de la conquista,
Y que el tiempo en su vuelo,
(¿ Que hay que a su soplo destructor resista?)
En ruina ha convertido;
Monumento que primero señala
Sobre la arena movediza al paso
Del héroe hispano de inmortal memoria
A quien cabe la gloria
De haber con su ambicion arrebatado
Al salvage un magnífico diamante
Por el polvo empañado
De la barbarie feroz, para ponerlo
Pulido y fulgurante
Del progreso en la fúlgida corona !
De ese fuerte derruido
Los muros verdi-negros do se estrella
Gimiendo el olëage estremecido,
La primera jornada presenciaron
De esta historia sangrienta
Que, al través de los siglos,
Hoy las cenizas de sus ruinas cuenta!
Tras dos años de lucha formidable
En aquellas regiones, del destino
Con el génio implacable,
Sintiendo dentro el alma la nostálgia,
Hacia la dulce orilla inolvidable
De su querida España,
Volvió Gaboto de su bajel de prora:
Partió á aplacar la saña
Con que su honor, en su país, traidora
La calumnia manchará,
Dejando a Santi-Spiritu
Confiando al mando del valiente Lara.
! Ay ! de Gaboto la partida impía
La introduccion sombría
Fué de esta historia que mi lira canta,
Porque ella principió desde aquel día
En que por vez postrera
Puso el marino la atrevida planta
Del Paraná gigante en la rivera.
Y en el recinto mísero del fuerte, 
Al azar peligroso abandonados
De su ignorada suerte,
Quedaron para siempre sus soldados.
Entre aquella falange de valientes,
Dos seres venturosos existían
Cuyas almas ardientes
De un amor mutuo con la fé latian;
Amor sublime que en su altar sagrado
Santificó Himeneo:
Lucia Miranda y Sebastian Hurtado
Los conoceis ¿verdad? para su frente
Donde tejió el martirio
Su corona mas fúnebre de espina
Tienen laurel luciente
La historia de amor y la argentina!
Yo tambien  en mi historia
Sus tiernos nombres y sus glorias canto:
Inspira mis acentos su memoria,
Tesoro que del arca del pasado
Arranco, y con las flores
Del huerto de mi espíritu mezclado
Ofrezco hoy al presente
Como inmortal ejemplo
De eterno amor y de virtud ferviente.
                  III
Yo, Eloisa Benitez Millán, continuaré en breves dias el relato de Celestina Funes, prima de mi abuela.
Se titula: Lucia Miranda.
Víctima desgraciada de su propia hermosura.
Funes.


Familias del Antiguo Paraná

 Dedico estos escritos, a todos aquellos que están emparentados con los Lopez Lecube.
A mi familia y a alguien en especial , mi prima de Australia, que injustamente me cerró las puertas en la cara y traicionó los estudios que realicé durante mucho tiempo con mi esposo, de la familia Troncoso y Sotomayor haciendose pasar por autora y jamás colocando mi nombre como fuente de estudio e investigación

Estos relatos fueron escritos por Naima y muy anciana, pasaba sus horas escribiendo. Antes de morir le entrego a mi madre, estos pequeños papeles escritos con su letra apenas legible.
Me entusiasma, sacar a la luz, sus recuerdos, porque es una manera de hacerla revivir y a través de mi persona, exteriorice su lejana infancia y una época que tenía grabada en su corazón
Estos documentos están en mi poder. Son escritos de la familia, lo sé.
El título dice asi: La familia Silva. Dedicado a Doña María.
El ocio y la soledad engendran muchas cosas. Yo me he dedicado a escribir. Ruego a mis " víctimas " que me perdonen y reciban con benignidad.
El doctor José Millán y Fuensalida se recibió de médico en Chuquisaca. Sus padres eran andaluces y abandonaron sus terruños para radicarse en Lima. En busca de mejores horizontes , don Pedro Millán y doña Catalina Tejerina fijan su residencia en Tucumán donde nacieron sus ocho hijos, uno de los cinco varones, Domingo Alejo, siguió las huestes de Belgrano y San Martín, siendo hecho prisionero en la sublevación del Callao, donde perdió la vida Falucho. Como los casamatos del Callao eran poco seguras , los prisioneros entre los que iban Domingo Alejo Millán y Manuel Prudán, eran trasladados a otro lugar. Cuando llegó la noche y mientras descansaban , dos americanos lograron fugarse. El jefe español ordenó un sorteo para fusilar a dos prisioneros en reemplazo de los prófugos, pues nadie quiso decir el nombre ni el lugar a donde se habian ido. A poco de iniciarse la cruel lotería de la muerte y para evitar tal sufrimiento, los dos antes nombrados se entregaron voluntariamente.
Millán era Coronel, tenia 46 años , Prudán era un  porteño de 24 años; murieron como héroes sacrificando sus vidas en homenaje a sus compañeros y vivando a la patria.
Este hecho ocurrió en Matucana, pequeño villorio peruano.
El doctor Millán tenía mas de treinta años y era soltero cuando Francisco Ramirez , el Supremo entrerriano lo nombró su médico particular en Paraná.
Allí ejercía su profesión y conoció a doña Juana Galvez de Lecube, joven viuda madre de conco hijos: Joaquín, Josefa, Ciríaca, Petrona y Tránsito.
El idilio culminó en boda y de esa segunda unión nacieron : José ( Pepe), Liboria Catalina y Carlos Zacarias.
Doña Juana era de origen noble y sus parientes de Santa Fé vieron con malos ojos su unión con un " zapallo" como despectivamente decian de los descendientes de españoles que se consideraban como tales en América a los que habian abrazado la causa americana.
Todavía se conserva en Santa Fé, recuerdos de dicha familia Galvez asi como sus parientes los Iturraurpe,Freire y otros.
Poco tiempo duró el nuevo matrimonio y se separaron quedando doña Juana con sus hijos y el doctor Millán con sus 3 pequeños , que confió  para su custodia a una familia amiga pues el ya sexagenario, sirvió como médico del ejército y actuó en la campaña de Cuyo Grande según consta en el archivo de Entre Rios.
Llegaron a Paraná y se hospedaron en la casa de la señora de Galvez , dos apuestos jovenes brasileños , Januario y Pedro Silva, ambos comerciantes de ganado y de saneada fortuna.
Procediendo como se hacia entonces, la señora caso a Pepa , la mayor con Januario y a Ciríaca con su hermano. La tia Pepa era delgada , blanca y de esplendidos ojos verdes, la otra era toda una belleza que no resigno a aquella boda impuesta aunque de ella nació una hija. Su marido le conto a mi abuelo, don Justo Solá, su situación y su resolución de volver solo al Brasil.
Ciríaca y su niña, después de un tiempo se fueron a Santa Fé, donde la muchacha casó muy bién y sostuvo a su madre hasta su muerte.
Don Januario y su familia compraron campos llegando a poseer una buena fortuna. 
He conocido cuando pequeña al tio Samuel que siempre que iba a la ciudad visitaba a Mamita Liboria y a Maria Robustiana, mis abuelos , sus tias.
La hija mayor , Januaria hizo un casamiento romántico. Contaba mi madre, que tenia diez años, cuando no quiso entrar a la iglesia con sus padres, porque se casaba un hereje.
En efecto, el conde alemán Juan Teodoro Mauricio Von Frankenberg habiase enamorado de Januaria y los señores Silva lo aceptaron pero prometiendole como condición su abjuración de la religión protestante.
En aquella ciudad aldeana, que era Paraná , hacia 1865, este hecho causó enorme sensación y alteró la monotonía.
Mientras los parientes y amigos de la familia Silva esperaban al nuevo católico en la iglesia cuyas puertas estaban cerradas, numeroso público se estacionó en la plaza y el la vereda de la iglesia.
Mamá en brazos del tio Pepe Millán, tio de Januaria , vió como llegaba el señor Frankenberg, con su padrino hasta la puerta principal del templo, que se abrió después de tres golpes consecutivos. El nuevo católico fué recibido por el obispo, clero y pariente entre música y cánticos, conducido al bautisterio recibió el agua y la sal( ya se había confesado y comulgado el dia anterior) y luego se dirigió al lugar donde estaba la novia y se celebró la boda.
Todavía hay descendientes  de Januaria y Anita, una nieta es muy amiga de las hijas de mi tio José.
Don Joaquín Lecube, hermano de la tia Pepa, antepasados de ustedes, tenía registro en Buenos Aires , en la épocade Rosas ( hacia 1846 y 50)y prohijado a su medio hermano, José Millán célebre en la familia por sus aventuras considerado como federal tibio para conquistarse al tirano, envió a su hermanito de escasos 16 años, con una pieza de terciopelo ( !) rojo como regalo a Manuelita quien recibió el obsequiocon acostumbrada amabilidad pero no, vió al padre a quién ya conocía porque paseando un dia por San Benito de Palermo, tuvo la sorpresa de verlo. Decía que era bajo y grueso con una mirada penetrante.
De la " niña " como la llamaba su padre, decía que tenía cerca de treinta años, alta, morena y simpatica pero no linda.
La tia Petrona Lecube, casó con un joven porteño, Manuel Agulla, ayudante de Urquiza, que estuvo cerca de ser fusilado.
Ocurrió que dicho señor tenía una hermosisima letra y se le confiaba aquellas notas en que debía destacarse esta cualidad. Un día agobiado por la tarea, y como Urquiza lo apremiaba le contestó:  "No tengo cuatro manos ".
Hasta mis abuelos Solá, intervinieron para que no pase a mayores.
Conocí, ya anciana a Elvira Agulla, empleada de Correos que siempre me decía: " adios parienta, cuando tendré tiempo para ver a Goyita ( mi madre).
La menor, Tránsito, fué esposa de Alejo Lecube, fuerte hacendado correntino, de cuyo matrimonio proviene los Lopez Lecube.
Tal es, pues, a grandes rasgos el parentesco que une a la familia Silva con la familia Millán.
En mis próximos escritos continuo con estas hermosas líneas de Naima.
También colocaré las fotografías de Lecube, Agulla y de la familia Millán de esa época.
Todo está en mi archivo , que cuido amorosamente.

Conmovedora Historia del Paraná remoto.

Una tarde, lluviosa buscando entre mis archivos, fotografias del pasado, unos pequeños papeles amarillentos por el tiempo, se deslizaron de una carpeta y me invadió la curiosidad.
Comence a leer y también quise saber a quién pertenecían y era la letra de: Naima Millán.
Comienza asi:
                 En Paraná
He vuelto a mi hermosa Paraná !
El tiempo ha encanecido mi cabello; madurado mi espiritú y encorvado mi espalda.
Ella, Paraná es siempre la misma de mi infancia.
Aquí, en su plaza donde florecen los guayabos y los jazmines imagino corretear feliz con mis hermanos.
Allí, en su centenaria escuela aprendí a leer, a amar la patria y respetar sus leyes.
Allá, en la magnifica Catedral me enseñaron a rezar y a venerar a Dios y a los santos.
Porque todo evoca en la mujer anciana los recuerdos del ayer y ella conserva su espíritu tan joven como antaño?

               Segunda parte
Vidas paralelas 
Dedicada a la señora de Bianchi, descendiente de la familia Segovia fué la última descendiente( nieta) de Don Justo Solá.
Homenaje.
En Paraná, a tres cuadras de la plaza 1ero de Mayo,tenían su casa. Don Gregorio Segovia y su familia. La calle se llamaba" Industria " nombre que después fué cambiado por el de España que conserva hasta la actualidad.
La casa era amplia, soleada y su frente principal daba a la calle España, luego , de la esquina, llegaba hasta la mitad de la cuadra conocida como Libertad donde estaban los cocheros.
La casa de enormes habitaciones, estaba muy bien amueblada y en su patio rodeado de canteros con numerosas plantas, tenía un aljibe, cuya roldana continuamente subía y bajaba trayendo el balde con agua fresca y cristalina. En el fondo, los áboles frutales se contaban por docenas y sus frutos quizás nunca madurabanporque los traviesos niños de la familia se complacían en voltearlos con hondas o con piedras.
Los calurosos nísperos y los higos que yo, de pequeña he comido en esa casa.
Don Gregorio era un señor cordial, alto, moreno de buena presencia, oriundo de Nogoyá. Nunca faltaban en su casa los parientes que " bajaban del pueblo" y se hospedaban allí. Doña Petronila Alvarez, su esposa, de caracter alegre de conversación amena y ocurrente era al decir de mis abuelos , toda una buena moza.
Los hijos heredaban de ella su carácter y el sentido de la hospitalidad. Eran Gregorio (Goyo)que murió muy joven; Jacinto, Francisco ( Pancho) Bernabé, Vicenta , Rosario y Petronilita. Todos constituyeron sus hogares y después abandonaron la ciudad natal para radicarse en otras partes.
Una amistad desinteresada y verdadera unía a la familia Segovia con la familia Solá.
Doña Petronila, fué la única que pudo mojar a mi tío Ramón, en aquellos carnavales de antaño, cuando disfrazandose de negralo sorprendió arrojandole un baldazo de agua. Anécdota que nunca se olvidó con amplias sonrisas.
Mi madre, Gregoria Solá ( Goyita ) para la familia, nació el mismo año que doña Rosario , desde muy pequeñas cultivaron una amistad que terminó con la muerte y que se extendió hasta los hijos. Juntas fueron a la escuela, estudiaban idiomas y piano y luego eran tan amigas que todos los dias se visitaban y cuando adolescentes, cambiaban proyectos y anhelos para el futuro.
Mamá contaba y comentaba algunos hechos pueriles pero graciosos.
Así recordaba aquella siesta en que burlando la vigilancia estaban comiendo sandia y como no quisieron darle a Vicente , por ser pequeño , este robo unos trozos que le ocasionaron una indigestión causada, según doña Petronila, porque el chico habia comido unas velas ( eran los pedazos blancos de la fruta) cosa que no fue desmentida como acto de solidaridad.
Aquella otra vez, en que habiendo comprado una máquina de lavar, mientras don Gregorio estudiaba su manejo, ellos, la madre, la amiga y los hijos jugaban al carnaval esperando el momento de la explicación.- Oye, Petronila, dijo gravemente el señor con los anteojos calados y el papel en mano. Un balde de agua interrumpió su palabra e interjecciones poco evangélicas lo obligaron a callarse compartiendo el momento ,la explicación quedó para después y el juego se generalizó.
La mano amiga y generosa de doña Rosario acudió en auxilio nuestro, Gracias a ellos, el padecer no fué tan grande.La amistad continuó vivamente,
Era de ver el contento de aquellas dos damas cuando se encontraban.
Muchas veces oiamos sus risas recordando cosas de su pasado." Te acordás Goya, cuando Fortunato me pidió mi retrato? Yo para burlarme , le dí uno de una amiga de mamá muy fea, a quién ella estimaba mucho. Me parece oir sus carcajadas, cuando apresuradamente se despidió y en la esquina de casa, sacó la foto del bolsillo?
Y aquella vez Rosario, cuando tu marido, empleado en un negocio me regaló una bandeja y vos te enojaste, sintiendo quizás celo?
Y así ambas evocaban el feliz pasado.
La muerte las sorprendió con quince dias de diferencia ; doña Rosario el 8 de Septiembre de 1943, mamá el 23 del mismo mes y año. Mamá decía:" siento tanto a Rosario que he ofrecido mi vida por ella! Presintió su fín pero no se lo dijimos,y sus últimos dias fueron de perpetuo recuerdo y alguna vez, creyendo sorprendernos dijo-que mal fingen ustedes.
En memoria de ambas y como homenaje a estas dos vidas paralelas evoco estos recuerdos ahora que solo yo quedo, de tantos como fuimos.
La casona de don Justo, que reunió una pequeña fortuna despilfarrada por sus hijos, todavía se conserva. En ella su dueño que tenía la instrucción
de la época y la que proporcionó la lectura recibía a los principales señores de la época. Yo he visto de pequeña, al doctor Evaristo Carriego,http://www.escritores.org/biografias/410-evaristo-carriego
al dean Balcala, http://padrefabian.com.ar/primer-sinodo-diocesano-de-parana-2/ (Artículo publicado en Padre Fabián) al cura Alvarez, al doctor Martinez de Fonts, al doctor Gilbert y otros contertulios habituales.
Mi abuela también reunía a señoras de consideración y de apellidos que hasta hoy figuran como grandes.
Estos fueron pues nuestros justo pasado de los que heredamos el nombre honrado y que, en su momento, sirvió para aumentar el prestigio de la Nación.
 
Mi próximo escrito :
Familia Lecube
Familia Silva
Historias del Paraná

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