" Las Viudas "

" Las Viudas "
acuarela sobre papel de arroz de alto gramaje

25 de Mayo en la Provincia de Salta.

La Cucaña.
Episodio de una fiesta cívica en Salta.
La alegría popular no tiene límites al anuncio de las cucañas, rompecabezas, a la mañana, y fuegos artificiales por la noche. Todos los edificios del rededor de la plaza son iluminados. En las recovas se colocan asientos en forma de anfiteatro. Grueso público pasea por la plaza o se instala en los lugares propicios: ramas de arboles, cornisas, ventanas y columnas. No quieren perder ni un detalle de aquella fiesta, que es para ellos un regalo del cielo.
Nada saben de patria, ni entienden el significado del 25 de Mayo. Viven prendidos a sus cerros con la misma fuerza que las piedras, y si cambian de lugar es para caer hasta el bajo con la carga de las industrias, o de los santos... Cuando les toca coincidir con las fiestas los sorprende una felicidad no soñada.
El pequeño Julián, hijo de la viuda del leñador ño Paulo, no hace sino pensar en el día 25. Muchas veces acompañó a su padre, con las piaras, a la ciudad, y descargando leña en el patio de la escuela de la Viña, oyó hablar de Belgrano, San Martín, el gaucho Güemes, y también de las cucañas, fuegos artificiales. Por fin realizaba el deseo de venir, y así poder llevar alivio a su madre y hermanitos.
Tiene apenas 10 años; no recuerda sino miserias; pero su inteligencia despierta y su salud solo pueden darle alegría.
Se levantó antes de amanecer; con el canto de los gallos preparó su burrito y alistó las ojotas, el saco negro con anchas mangas dobladas, y el pantalón emparchado en las rodillas y sentaderas, y aquella camisa de trué con cuello dado vuelta.
Por sombrero lleva, como todos los días, su viejo capacho.
Entró en la ciudad por la calle de la Florida y ya alta la mañana.
- ¡ Eh, Julián, a donde y tan solo y sin alforjas !
- ¡ Julián, bájate y juguemos a las caritas!
-Julián, has traido las livis, vamos a cazar chachapollas( aves silvestres ).
- Julián, ayúdame como el otro día, a varear los gallos para las riñas de esta tarde.
-¡ Eh, dónde has perdido la leña!
Y no sé cuantas cosas más oyó al atravesar la calle para llegar a la plaza.
Todos los muchachos de las ventas de ese barrio le conocían. Su agilidad en los juegos de la ciudad y de campo; su bravura para pelearse con muchachos mayores; su aire infantil y formal le revestían de autoridad.
Cuanto llegó a la plaza, encontró otros muchachos listos para la prueba. Nada dijo: pero sus ojillos tuvieron una sonrisa de lástima al observar cuales eran sus competidores.
Este es un pobre renacuajo, enclenque y harapiento; aquel un gordinflón, puro sebo; ese otro, un rengo inútil, lleno de hiel, consentido u nada más; el de más allá, ese mataquito, con poncho hasta el estómago, que pelea con los gringos por dos centavos: ese...¡ pst !cualquiera le moja la oreja, o le quita el poncho; y el otro, el francesito salchichero, repartidor de morcillas hechas de sangre de cuchis y pilas, y en fin, aquel negrito bozal, dientes de mazamorra, cara de rallador y brazos de mono.... A ése le tenia un tanto de miedo, aunque no lo confesaba.
Pero nada le detendría ese 25 de Mayo. Vino soñando en llevar dinero, y bien seguras se plantaron sus piernas en la plaza. Así de pié, esperó. Los niños de las escuelas desfilaban frente a la pirámide; todos vestían de nuevo y cantaban el himno acompañados por la banda del 5to de Caballería.
El frío era intenso, seco; pequeños copos de nieve, como mariposas, caían lentos. Algunos transeúntes llevaban paraguas; los más, sin nada, con el cuello levantado , el sombrero bien gacho, las manos en los bolsillos o soplándose los dedos rumbeaban para la plaza.
Iban apeñuscándose al derredor de las cucañas que ostentaban los atados de premios mayores.
Julián, colocado en un punto adecuado,midió la distancia, y esperando la señal del comisario municipal, se lanzó como una flecha. Su empuje le abrió camino; cuando llegó al pie de la cucaña ,as alta, se quitó las ojotas, el saco y comenzó a trepar como un gato. Los dedos de manos y pies parecían garfios por su fuerza para sostenerse. El negro se le puso abajo y lo garroneaba. En otras cucañas subían más muchachos; los rompecabezas estaban repletos.
Los que resbalaban tres veces hasta el suelo debían ceder su puesto. Julián se vino una; pero gracias a su entereza, se sostuvo casi sobre la cabeza del negro.
La nevada seguía arreciando. Todo se cubría de una
capa blanca, y los cerros, a la distancia, adquirían vida con los innumerables churquis vestidos de copos, haciendo resaltar los troncos oscuros, como si fuesen una procesión de clérigos en marcha con grandes paraguas.
El negrito izquierdeaba a más y mejor; pero Julián no tenía sino un pensamiento: volver al rancho con todo aquel dinero.Veía asomar los bonos en la punta de la cucaña y nuevo brío empujaba sus músculos al triunfo.
Las escuelas seguían desfilando: ahora cantaban, en un tablado, bajo el Cabildo, un himno al Señor.
Una niñita, vestida de azul y blanco, declamó enfaticamente:
Al cielo arrebataron nuestros gigantes padres
El blanco y celeste de nuestro pabellón.
Llegaban las gentes rústicas de los cerros, unos en burrito, otros en mulas, en diestros caballos, con las alforjas repletas de quesillos frescos, patai, roscas de orejones, quesitos de cabra, miel de alpamisque o lachiguana ( miel de abeja silvestre); a veces caían los bolivianos, con chiguars( bolsas de cuero con coca u otras cosas) , manzanas de Tilcara, arrugadas, arenosas, con perfume estimulante y aspecto entre amarillo y lacre. Pero nada distraía la atención de los changos serranos. Se hacían apuestas a Julián, y al mataco que subía en otra cucaña. Éste se quitó el ponchito, y su camisa harapienta parecía echar al viento su miseria a cada esfuerzo del dueño: porque escapándose del pantalón, apenas sujeto por un tiento, volaba en tiras dejando al descubierto el lomo curtido. ¡ Cómo había de palanganear, si consiguiendo algún premio, lograba comprarse aquel trajecito que viera en la tienda de Saravia, al lado del tagarete; o se compraria , mejor el petiso que le ofreció don Campos!
¡ Eso de caminar diez cuadras para llevar el cuartillo y dos palos de leña, le tenía harto!
Julián llegaba; inútilmente el negrito, agilitando más y más, brazos y piernas, quiso prenderse de las corvas para hacerle caer; Julián  arremetió diestramente, y en unos cuantos saltos estuvo casi en el término. Se quedó prendido con el brazo izquierdo; con el derecho dió un manotón certero y cogió en manojo. Empuñado, comenzó a bajar no de un golpe, sino despacio , sacudiendo los billetes al tiempo de gritar: ¡ Viva el 25 de Mayo!
- ¡Viva !- coreraron todos.
Cuando pisó firme, se vió rodeado por sus competidores. El negro no estaba.
- ¡ Danos albricias!
- ¡Convidanos con algo !
- Niño, compre orejones, quesitos; mire esta frazada para su mamá.
Nada compró Julián. Con emoción contenida desató el fajo , porque así no cabía en ningún bolsillo.
Llenó los del pantalón, los del saco y aun le quedaron para meter al seno.
¡ Cincuenta bonos de un peso!¡ Cuanto dinero, nuevo, crujiente! ¡ Lo cambiaban por ochenta y sesenta centavos !
- Son muchos, son cincuenta, danos para bolillas!
- Danos para rosquetes.
Y Julián, montado en su pollino, tiró unos cuantos que se abrieron como alas, para flotar un instante revoloteando, y caer en las manos que en alto los esperaban. Confundidos, en montón, se apretaron para recogerlos, o quitárselo al que tomara alguno; pero ya el hijo del leñador habia doblado la esquina de la plaza, siguiendo por la calle Florida, al trotecito de su burro.


Este libro de lectura, lo escribió mi abuela Adelina Mendez Funes de Millán.
La autora del relato es: María C. Bertolozzi de Oyuela.
Nació en Salta y escribió otros libros :
La flecha del Inca y Otros sabores de mi tierra.


25 de Mayo en Salta.






Recuerdos del antiguo Paraná .


Mi tía ,  Naima Millán, relata los antiguos modos del vivir , cotidiano de  pasadas épocas de Paraná.
Siento que ella me sonrie , me alienta desde su tumba.
Dedico mi vida al arte y también escribo, es parte de mi vida el relatar las vivencias de mis antepasados.
Y  también , recurro a mis archivos y muestro , las lecturas que  me entusiasman.
Los momentos de caudillismo de Entre Rios de el Paraná, esa historia de : 1848 ,  1830 , 1810.
Tiempos del Doctor José Millán y Fuensalida que había estudiado en Chuquisaca , cuando El Supremo, Pancho Ramírez le pidió fuera su médico particular.
Época de la muerte de Camila, y la tiranía de  Manuel de Rosas Época también de Juan León Sola.
Todos ellos , son mis antepasados e iré relatando palabra por palabra lo escrito por mi querida Naima Millán.
La historia , de nuestra amada América y la llegada de la Colonización.
Es mostrar  , el gran respeto a esa parte de la historia: La llegada de los Españoles.
Por ese motivo y por muchos más , le dedico este capítulo ,  a mi antepasado a la cual conocí , Naima.
Mis abuelos :

No conocí a mi abuelo Carlos , muerto en plena madurez , dejando como única herencia una mujer de treinta y seis años , y seis hijos y una modesta casa y algunos asuntos tan enredados que nada pudo obtenerse en beneficio.
Con mano enérgica y clara inteligencia , mamá Robustiana dirigió
tan bien su familia y su casa que logró un relativo bienestar y costeó
la carrera del magisterio a tres de sus hijos.
Era una señora alta , un poco gruesa y morena de aspecto agradable
que cuidaba mucho su atuendo y su conversación revelaba a una persona práctica y de buenos sentimientos.
Había sufrido mucho ,  seis meses después de la muerte del abuelo Carlos , falleció Liborita de escasos quince años.
Como un acto de recuerdo y de amor ,  mamá Robustiana nos prestaba, con toda suerte de recomendaciones" El Cura de aldea de Perez Escrich única novela leida por su hija siempre recordada.
Carlos, el mayor de apenas 16 años fué un eficaz ayudante en la dura lucha por la vida.
Había estudiado inglés  y francés con profesores y su facilidad idiomática le permitió aprender o comprender , italiano , portugués
alemán, griego y latín.
No pudo estudiar, pero era un erudito. Lástima que tan buenas cualidades no fueron aprovechadas. Le faltó la guia paternal y el arbol , se torció.
Mi abuela , sabía más que un ministro de economía para dirigir su pequeña hacienda y nada escapaba a su espíritu emprendedor y sagaz .
Sabía leer y escribir y de pequeña  en Gualeguay , su ciudad natal
aprendió toda clase de labores de aguja que luego le sirviera para aumentar su modesto presupuesto.
Las aves del corral y la quinta y los árboles frutales también entraban en aquella difícil tarea de " Con poco, hacer todo "
Era muy religiosa , a todos los nietos nos enseñó a rezar y por la tarde , siempre dirigía sus oraciones para agradecer el día que ya terminaba.
Cosa rara en la sociedad de su tiempo ,  no le gustaba el mate y no pudo aprender a fumar como sus amigas.
Gustaba recordar su familia y anécdotas sobre ellos. Yo conocí a Mariquita, una hermana , madrina de papá a quien nunca pudo llamar sino Carlitos.
Mi abuela Liboria , en su juventud , había sido muy bonita.
Yo la conocí ya muy anciana, era bajita , delgada, vestía siempre de negro y su salud era mala, pues padecía de anemia y después de cataratas que no podían operarse .
Le gustaba contarnos cuentos y los de Perrault eran sus favoritos. Ante los había sido mamá y sus hermanas , después nosotros.
Sentada en una mecedora , su infaltable cigarro en la boca , oíamos silenciosos los hechos fantásticos y también cosas del tiempo de Rosas pues ella vivió desde los doce a los diez y ocho años, época en que se casó.
Dejo, bajo esta hermosa historia real del antiguo Paraná ,  también las fotografías de : Mamá Robustiana que con tanto valor , sustentó sus seis hijos.
También la de su esposo Carlos Millán, que falleció cuando ella tenía treinta y seis años.
Gracias amados y jamás olvidados , genes de mis antepasados.



Robustiana Reynoso y Almeida.

Carlos Millán.
Ahora, expondré una lectura de mi abuela ,  Adelina Mendez Funes de Millán.
El libro de lectura editado por Peuser  editores.
La autora: Mi abuela.
Obras de Arte en la Argentina.
_____
Pasaje del Paraná
En la casa de Gobierno de la ciudad de Paraná, ocupa totalmente una pared lateral del salón de recepciones. un óleo del pintor Emilio
Caraffa. La tela es de gran dimensión: aproximadamente tres metros por seis metros.
¿ Como no detenernos ante este grandioso cuadro?
La crítica ha consagrado a Caraffa por su técnica y por sus creaciones, uno de los primeros pintores argentinos.
En esta obra son notables la diafanidad de la atmósfera. la intensidad de la luz sobre las aguas , sobre los campos.
Los rayos del sol , iluminando aquellos grupos de valientes que atraviesan a nado- ávidos de libertad- uno de los mas grandes y caudalosos ríos americanos ; los altos jefes del ejército , de enérgica y firme apostura ,en la mirada fulgurando el ideal que los anima; el horizonte amplio como el sentimiento que consagra aquel momento histórico; todo un conjunto técnicamente irreprochable ,
artisticamente soberbio ,fijando en la tela, para la posteridad, el memorable Pasaje del Paraná , por el ejército que comandaba el general Justo José de Urquiza.
En primer término, sobre la barranca, Urquiza a caballo, destaca su recia figura de caudillo, tocado de largo poncho y sombrero de copa, su clásica indumentaria de campaña.
Vigila las operaciones del vado y dá órdenes. Es su retrato fiel , en su gran tamaño. A su lado Purbis, el perro inseparable, compañero fiel de Urquiza en todas sus campañas.
Todo vestido de rojo , el trompa- en un plano inferior- arregla la montura.
Otro personaje se destaca en este plano cercano: el general Lamadrid , figura heroica, montado en un caballo blanco.
Allí está el estado mayor; entre los generales que van a la cruzada libertadora, poseídos todos de una secreta seguridad en el triunfo. está Mitre, sereno , observando la tropa.
Sarmiento, de amplio torso y ceño adusto, a caballo también , escribe. Acaso en ese momento toma apuntes para redactar al día siguiente aquel párrafo de su documentación valiosa, por ser testigo ocular: El sol de ayer ha iluminado uno de los espectáculos más grandiosos que la naturaleza y los hombres pueden ofrecer: el pasaje de un gran río por un gran ejército...."
Todo esto en lo alto de la barranca.
Hacia abajo, el ejército  vestido de rojo , pasa entre los cardales, llevando al frente la bandera argentina y entrerriana. Banderolas, lanzas, armas...
El río anchuroso, claro , en ese día memorable, muestra sus aguas abiertas en surcos por las filas viboreantes de hombres lanzados en línea oblicua en su corriente.
En la otra orilla se ven las lanchas llenas de hombres.
Por las lomas que al río se inclinan, descienden centenares de hombres que integran el ejército que, en Caseros dará fin a la tiranía de Rosas.
Desde la puerta, al retirarnos, nos detenemos a mirar una vez más: las figuras se agigantan, cobran nueva vida y movimiento y nos sentimos envueltos en aquel glorioso pasaje de tropas que se lanzan a inaugurar una era de paz, trabajo, de libertad y progreso
Adelina Mendez Funes de Millán.






¿ Homenaje a la Patria ?


Transcribo,  del libro de lectura:" Rio Nativo " escrito por  mi abuela: Adelina Mendez Funes de Millán.
                 ¿ Homenaje a la Patria ?
Las notas magistrales del Himno Patrio llenan los aires y una extraña emoción, mezcla indefinida de temor, respeto y veneración, alegría y tristeza, embarga el espíritu,y la necesidad de render también nuestro homenaje a la Patria amada, se apodera de nosotros , nos envuelve y llama como una obsesión.
¡ Un homenaje a la Patria !
Y bien sea. Será tal cual podamos, rendirlo, sencillo, pero sincero; nuestra alma vibra de entusiasmo y necesitamos exteriorizarlo. Así era indispensable a nuestra dicha, en los felices días de la infancia. llevar la ofrenda a la madre amada en el día de su natalicio.
Y bien, sea. A nuestro alrededor hay un enjambre de cabecitas; cientos de cerebros piensan en algo indefinible: cientos de corazoncitos sienten también algo intraducible: miradas inquietas en interrogantes buscan en nuestro ojoalgo que desean conocer; el Himno se escucha: los ojitos se avivan, las miradas preguntan más y más, los labios sonríen, las mejillas se coloran por no sé que secreta emoción.
Algo inconfundible en aquellas almitas queridas: el sentimiento de la Patria latente , pero ignorado.
Cumplamos, pues nuestro deber hablando de la Patria.
Pero he aquí que la vieja , pero siempre bella historia del 25 de Mayo, ya la sabe el enjambre de cabecitas y la venera el enjambre de corazones, porque el es el tema continuo en las clases, y me veo confundida, porque no sé como despertar el interés, cuando esperan algo nuevo.
Y algo nerviosa, porque comprendo que no puedo hablarles del día de la Patria como quería, cambio de tema contra mi voluntad.
Y sin darme cuenta de mi falta de patriotismo, hablo extensamente de los afectos que deben vincular al hombre en la sociedad: de la necesidad de la bondad de sentimientos para todas las clases sociales; de la belleza y el valor de la verdad en nuestros actos; de la elevación en el pensar; de la generosidad y lealtad en todos los momentos de nuestra vida.
Evoco los triunfos y progresos de los pueblos unidos por el sentimiento sacrosanto del nacionalismo; de los pueblos sanos en el pensar; de los pueblos nobles, y por nobles , fuertes; y por fuertes y nobles, libres: evoco las naciones donde el respeto de sí mismo en cada ciudadano conduce inconcientemente al respeto de la colectividad; donde el trabajo es honor: donde la pobreza no es mengua; sino medio para ejercitar sentimientos altruistas, los mas felices; donde la eiqueza de la inteligencia se traduce en bondad para los demas, como la abundancia del grano de trigo se traduce en bienestar de todos; evoco los pueblos donde el trabajo y la industria florecen y prosperan, y donde cada habitante es un respetuoso guardián de los derechos de los demás.
Evoco pueblos donde el amor y respeto a los padres se convierte en culto; donde ofenderlos es un crimen; desobedecerlos es una ignominia; y donde el amor a la familia, sereno, hermoso, se prolonga a la sociedad que rodea, formando pueblos unidos, que piensan y sienten al unísono, que en los dictados de la sana moral encarrilan sus relaciones dentro y fuera de las lineas limítrofes del pais.
Y llevados en tal corriente los pensamientos de mis pequeños oyentes, diseño a grandes rasgos lo que es y será la Republica Argentina cuando todos sus hijos puedan decir que constituyen el pueblo que encierra en su espíritu los múltiples pueblos que ante ellos han desfilado: cuando la Argentina sea en todos sus rincones lejanos la Nación que soñaran y bosquejaran Rivadavia, Alberdi, Sarmiento.
Y prosigo: para llegar a esta hermosa realidad, no olvidemos los dias de epopeya, pero no vivamos sumergidos en su recuerdo; las pingües rentas que disfrutaron nuestros abuelos no nos daran para vivir holgadamente, si ya se esfumaron; sólo  el trabajo activo y fecundo proporcionará bienestar,
Así sucede con los hechos históricos que nos orgullecen: dentro de la paz, hagamos nuestro país digno de aquellos héroes de aquella brillante historia.
Ya los hombres prestigiosos de letras traducen las horas de su recogimiento en otras dignas de las más florecientes edades: obras de estudio, medulares.
Nuestros pensadores abarcan los profundos y áridos campos de la ciencia, de la economía política, de la legislacion social, penal, de las relaciones internacionales.
A los Velez Sárfield, Sarmiento, han sucedido los Pellegrini, los Estrada, los Goyena, los Mitre, los Drago , González y Magnasco, etc.
Nuestra legislacion obrera es mágnifica, reconoce derechos que se traducirán en otros y en otros más, para la parte más numerosa de la población: los trabajadores.
Ha mejorado notablemente la vida de los obreros, nativos o no nativos, todos argentinos, ya que entregan a la prosperidad del país la luz de su cerebro, el esfuerzo de sus músculos,la alegría de su buena fé, los mejor de su juventud. Pero falta aún el común anhelo- que será cuando todos se sientan, de muy adentro, realmente argentinos- de grandeza nacional , por sobre la grandeza privada.
La alegría y la salud de los niños argentinos constituye una constante preocupación de nuestros hombres de gobierno, de las instituciones de caridad, y de los particulares priviligiados por la fortuna, pero falta aún que las escuelas se centupliquen y que los alumnos de extrangeros, a la sombra protectora y sacrosanta de la bandera azul y blanca, palpiten entusiasmados y sientan amor por este rico y priviligiado suelo; que se ahonde en ellos el respeto a las leyes argentinas...
Cuando creo que las cabecitas que me rodean estarán cansadas de oírme, saludan con una salva de aplausos mis últimas palabras, y sin que medie orden alguna entonan sonrientes , la canción de la Patria.
Me doy, entonces , cuenta cabal: no hablé de la fecha patria, pero señalé el sendero que la escuela debe mostrar a la infancia por el cual los ciudadanos llegan a " levantar a la faz de la tierra " la nación gloriosa que llaman Patria.
Rendí, pues , el homenaje, que deseaba a mi Patria, y lo rendí ante quienes debían recibirlo.
Plasmando el carácter nacional para conseguir el pueblo generoso y fuerte, noble y emprendedor, sincero y trabajador, sufrido y altivo, la escuela honra a la Patria y le tributa su mejor homenaje: porque el pueblo que reúne esas condiciones es el pueblo esencialmente patriota.
Escrito por Adelina Mendez Funes de Millán en su libro: Río Nativo.
Le dedico a mi abuela con todo mi amor y agradecida siempre a sus enseñanzas, la clave principal en mi vida fueron sus ejemplos.

Rio Nativo, libro de lectura.


Es en este momento, que trancribiré la narracion del libro de Lectura " Rio Nativo " para 6to grado.
Este libro lo escribió mi abuela:
Doña Adelina Mendez Funes de Millán y editado en 1935.
Es un hecho real, que al final de la narracion, hare mi comentario y una demostracion de la realidad de esos momentos.
Deseo con este relato, hacer presente el alma de mi abuela y darle mi cariño y cálidez con el recuerdo.
Porque llevo dentro mio el reconocimiento de la labor y también, la gran enseñanza que dejó en mi ser.



                        MARCELINO

Llovizna. Fría y menuda, helada y cortante, cae la garúa que, día y noche, empapa las calles y los campos. En las galerías, los caños de cinc gotean, monótona y sincopadamente, el agua que corre desde las azoteas de tejas. El cierzo, por ratos arremolina el agua y gime al pasar por las ventanas y los anchos portales.
¡ Días grises, invernales, de la provincia de Buenos Aires!...
Más grises antaño, allá por el 70, cuando los pueblos , aislados entre sí, carecían de pavimento en las calles y de alumbrado público...
En las callejuelas, barrosas, los pocos transeúntes nocturnos chapotean entre el fango. Los escasos faroles a kerosene derraman débil luz, amortiguada aun más por la atmósfera nebulosa.
Y mientras la monocorde y monótona gota del caño de los corredores produce somnolencia; en tanto que alrededor del brasero del cobre, enrojecido bajo la mesa, juegan a la lotería los contertulianos habituales, un lamento, un quejido llega desde la calle.
Interrúmpese la animacion del juego o desvélase quien , en el lecho, burla la inclemencia del tiempo.
Repítese el lamento, largo, lastimero, medroso. Salta del lecho, alguno, condolido, o abre la puerta de calle, resuelto el feliz jugador de lotería.
Alguien sufre; mucho debe ser el dolor, moral o físico que con noche tan frígida obliga a salir; tal vez alguna niña a quien se le muere la madre, o padre o hermano...
¡ Es tan lastimero ese llanto!... ¡ Es tan afligente ese sollozo que llega desde afuera, intermitente, convulso !...
- Misericordia divina...- exclama condolida, al oírlo alguna anciana.
- Desventurado !- dice otra.
- ¿ Por qué olvidará Dios a esas infelices criaturas?
- ¡ Mientras sin preocupaciones disfrutamos de estos ratos de solaz, gimen a nuestra puerta cuántos desgraciados!...¡ Si pudiéramos aliviar la pena de todos! - filosofa una caritativa jovencita...
Chirrían los goznes de puertas y ventanas de la vecindad al abrirse; a la piadosa pregunta, hecha desde distintas casas: "¿ Quién llora en la sombra ?", responde una carcajada, cristalina, carcajada de hombre joven, carcajada cuyos ecos corren , perdiéndose lejanos.
- ¡ Ese es Marcelino Franco!...¡ Qué muchacho !...
- Acabará con una pulmonía o tísico, ese jovencito; con semejante noche gastar estas bromas !...
Por estos barrios, en noches diversas, cuando la lluvia torrencial inundaba, o cuando la helada blanqueaba y endurecía el suelo, Marcelino, ese muchacho loco, repetía la chanza.
Veces hubo que oyó mas de una frase fuerte, dicha por quien no gustaba de diversiones molestas, o por alguien al cual no agradábale abandonar el lecho calentito y confortable...


En la tradicional misa del gallo, llenábase la única iglesia del pueblo, no sólo de las familias más destacadas de la parte urbana. Desde los confines del campo llegaban los patrones de las estancias y también la peonada con sus familias.
Las calles adyacentes a la iglesia y a la plaza abundaban en coches y caballos; estos últimos atados a los postes y a las gruesas cadenas que circundaban plaza e iglesia.
El paisanaje de luega barba negra lucía su mejor chiripá y chaquetilla de lustrina o merino. Al entrar al templo, destocábase el amplio chambergo y pleno de unción se hincaba para escuchar la palabra santa del sacerdote. Las criollas, con amplios vestidos de percal, bien almidonados, tocadas con pañuelos de seda, lucían sus trenzas.
Mujer y marido penetraban juntos al templo. De hinojos, todos, hombres y mujeres, inclinada la cabeza en rezo fervoroso, abstraidos de todo lo que no fuera el altar y el sacrificio oficiado, ofrecían a Marcelino momento oportuno para una diablura.
Hincándose como a rezar, iba de uno a otro sitio, uniedo sigilosamente, con alfileres, polleras y chiripás.
Al rato soltaba dentro del templo hasta una veintena de cuises (1); los animalitos saltaban entre el gentío, produciendo pánico, arrancando gritos.
Ignorantes del origen del tumulto algunas personas intentaban huir, y las polleras y chiripás prendidos motivaban escenas imaginables.
Carcajadas, voces fuertes, gritos en tanto que la enérgica voz del sacerdote se alzaba condenando severamente la irrespetuosidad y Marcelino corría por las solitarias calles, desternillándose de risa...
Una vez en Semana Santa.
El ama de llaves del señor cura, doña Antonia tenía en la iglesia, cerca del altar del Nazareno, una mecedora con asiento esterillado.
Marcelino cortó cuidadosamente, con un cortapluma, el asiento, todo el contorno.
Después de rezar el rosario, doña Antonia fué a arrellenarse en su sillon. ¡ Paff !... Húndese el asiento y en furibundo pataleo , las piernas en alto, el amalde llaves hacía esfuerzos para incorporarse.
- Jesús me valga- gritaba.- ¡ Que infamia !...Este no puede ser otro que Franco...¡ Maldito sea, maldito sea !...
Apaciguada por las amigas, la mujer siguió el interrumpido rezo. De tiempo en tiempo, una risita mozalbete se oía allá, al fondo de la nace, risita sofocada pero que doma Antonia percibía volviendo presto la cabeza, escudriñando con iracundos ojos...
Un mes y otro mes pasó.
Al cumplirse los dos meses de aquel suceso, una tarde llamaron perentoriamente al señor cura. Marcelino Franco, aquel nefasto Marcelino de la tranquila aldehuela, se moría y quería obtener el perdón para sus diabluras.
Diez y ocho años, alma alegre y sana, había tomado la vida por rumbo distinto a los demás compañeros y contrario a las severidades de la época. Y ahora pedía perdón para esa pobre alma, extraviada en aquel mundo envejecido antes de tiempo.
Doña Antonia abrió tamaños ojos: el estupor la enmudeció.
Repuesta de la sorpresa imploró:
- ¿ Se muere Marcelino?... Señor cura, déjeme ir a rezarle un rosario.¡ Pobrecito ! ¡ yo le maldije ! ¡ Debo alcanzarle con vida, antes que el alma se escape, para que no vaya a penar en el infierno!...
¡ Dios me perdone a mí también...!
Y cuentan las crónicas familiares que la buena mujer ayudó a Franco a bien morir: cerróle los ojos y lloro inconsolable; durante la noche rezo al lado del cadáver; ella lo veló. Al otro día , en la iglesia no se separó de su lado; rosario tras rosario, rogó por el alma del loco Marcelino. Y echóle mil bendiciones, entre fuertes sollozos, cuando el cortejo fúnebre abandonó el templo y tomó calle arriba, camino del campo santo.
                              
                             FIN

1) cuises: roedores que abundan en el campo. No tienen cola.
He colocado el certificado de defunción de Marcelino. En la lectura, su apellido es Franco. 
En realidad, es Marcelino Funes.
No tenia 18 años cuando falleció. Quizás las travesuras las realizó cuando tenia esa edad. 
Cuando falleció de Tuberculosis pulmonar , tenia  25 años.
Se puede observar que no recibió los santos sacramentos o extremaución. 
Se puede deducir, o llegó el cura cuando estaba muerto o...no se lo dieron como castigo.
Fuimos al cementerio, buscando su tumba y no la hallamos. Hicimos todo lo posible, en esos tiempos se cambiaban las tumbas de lugar.
Buscamos en los libros del cementerio, pero no lo encontré
Es real, porque mi abuela nos contaba de ese personaje que era su tio abuelo.
Tengo tambien su partida de nacimiento.
Dejo aquí , en este momento dos fotografias de lo que quedo del fuerte, donde se detenía al malón de tribus indígenas y  a caballo los corrian para proteger la poblacion de Ranchos.


Partida de Nacimiento de Celestina Funes.

Hoy, 15 de Febrero del año: 2.014
Querida Celestina Funes:
                                       he cumplido contigo; muchos años han pasado de tu muerte. Sin embargo has dejado en esta vida, la muestra del gran potencial de una verdadera poeta.
Soy una descendiente tuya y mi homenaje hoy, es mostrar tu Partida de Nacimiento .
Como tambien, el certificado de Casamiento de tus padres: Cecilio Funes con Luciana Garcia.
He recorrido ciudades, pueblos, archivos buscandote a ti y a nuestra familia: Los Funes.
Con todo mi cariño:
Eloisa Benitez Millán.
Certificado de Matrimonio de los padres de Celestina Funes.
Don Cecilio Funes y Luciana Garcia.


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