" Las Viudas "

" Las Viudas "
acuarela sobre papel de arroz de alto gramaje

¿ Homenaje a la Patria ?


Transcribo,  del libro de lectura:" Rio Nativo " escrito por  mi abuela: Adelina Mendez Funes de Millán.
                 ¿ Homenaje a la Patria ?
Las notas magistrales del Himno Patrio llenan los aires y una extraña emoción, mezcla indefinida de temor, respeto y veneración, alegría y tristeza, embarga el espíritu,y la necesidad de render también nuestro homenaje a la Patria amada, se apodera de nosotros , nos envuelve y llama como una obsesión.
¡ Un homenaje a la Patria !
Y bien sea. Será tal cual podamos, rendirlo, sencillo, pero sincero; nuestra alma vibra de entusiasmo y necesitamos exteriorizarlo. Así era indispensable a nuestra dicha, en los felices días de la infancia. llevar la ofrenda a la madre amada en el día de su natalicio.
Y bien, sea. A nuestro alrededor hay un enjambre de cabecitas; cientos de cerebros piensan en algo indefinible: cientos de corazoncitos sienten también algo intraducible: miradas inquietas en interrogantes buscan en nuestro ojoalgo que desean conocer; el Himno se escucha: los ojitos se avivan, las miradas preguntan más y más, los labios sonríen, las mejillas se coloran por no sé que secreta emoción.
Algo inconfundible en aquellas almitas queridas: el sentimiento de la Patria latente , pero ignorado.
Cumplamos, pues nuestro deber hablando de la Patria.
Pero he aquí que la vieja , pero siempre bella historia del 25 de Mayo, ya la sabe el enjambre de cabecitas y la venera el enjambre de corazones, porque el es el tema continuo en las clases, y me veo confundida, porque no sé como despertar el interés, cuando esperan algo nuevo.
Y algo nerviosa, porque comprendo que no puedo hablarles del día de la Patria como quería, cambio de tema contra mi voluntad.
Y sin darme cuenta de mi falta de patriotismo, hablo extensamente de los afectos que deben vincular al hombre en la sociedad: de la necesidad de la bondad de sentimientos para todas las clases sociales; de la belleza y el valor de la verdad en nuestros actos; de la elevación en el pensar; de la generosidad y lealtad en todos los momentos de nuestra vida.
Evoco los triunfos y progresos de los pueblos unidos por el sentimiento sacrosanto del nacionalismo; de los pueblos sanos en el pensar; de los pueblos nobles, y por nobles , fuertes; y por fuertes y nobles, libres: evoco las naciones donde el respeto de sí mismo en cada ciudadano conduce inconcientemente al respeto de la colectividad; donde el trabajo es honor: donde la pobreza no es mengua; sino medio para ejercitar sentimientos altruistas, los mas felices; donde la eiqueza de la inteligencia se traduce en bondad para los demas, como la abundancia del grano de trigo se traduce en bienestar de todos; evoco los pueblos donde el trabajo y la industria florecen y prosperan, y donde cada habitante es un respetuoso guardián de los derechos de los demás.
Evoco pueblos donde el amor y respeto a los padres se convierte en culto; donde ofenderlos es un crimen; desobedecerlos es una ignominia; y donde el amor a la familia, sereno, hermoso, se prolonga a la sociedad que rodea, formando pueblos unidos, que piensan y sienten al unísono, que en los dictados de la sana moral encarrilan sus relaciones dentro y fuera de las lineas limítrofes del pais.
Y llevados en tal corriente los pensamientos de mis pequeños oyentes, diseño a grandes rasgos lo que es y será la Republica Argentina cuando todos sus hijos puedan decir que constituyen el pueblo que encierra en su espíritu los múltiples pueblos que ante ellos han desfilado: cuando la Argentina sea en todos sus rincones lejanos la Nación que soñaran y bosquejaran Rivadavia, Alberdi, Sarmiento.
Y prosigo: para llegar a esta hermosa realidad, no olvidemos los dias de epopeya, pero no vivamos sumergidos en su recuerdo; las pingües rentas que disfrutaron nuestros abuelos no nos daran para vivir holgadamente, si ya se esfumaron; sólo  el trabajo activo y fecundo proporcionará bienestar,
Así sucede con los hechos históricos que nos orgullecen: dentro de la paz, hagamos nuestro país digno de aquellos héroes de aquella brillante historia.
Ya los hombres prestigiosos de letras traducen las horas de su recogimiento en otras dignas de las más florecientes edades: obras de estudio, medulares.
Nuestros pensadores abarcan los profundos y áridos campos de la ciencia, de la economía política, de la legislacion social, penal, de las relaciones internacionales.
A los Velez Sárfield, Sarmiento, han sucedido los Pellegrini, los Estrada, los Goyena, los Mitre, los Drago , González y Magnasco, etc.
Nuestra legislacion obrera es mágnifica, reconoce derechos que se traducirán en otros y en otros más, para la parte más numerosa de la población: los trabajadores.
Ha mejorado notablemente la vida de los obreros, nativos o no nativos, todos argentinos, ya que entregan a la prosperidad del país la luz de su cerebro, el esfuerzo de sus músculos,la alegría de su buena fé, los mejor de su juventud. Pero falta aún el común anhelo- que será cuando todos se sientan, de muy adentro, realmente argentinos- de grandeza nacional , por sobre la grandeza privada.
La alegría y la salud de los niños argentinos constituye una constante preocupación de nuestros hombres de gobierno, de las instituciones de caridad, y de los particulares priviligiados por la fortuna, pero falta aún que las escuelas se centupliquen y que los alumnos de extrangeros, a la sombra protectora y sacrosanta de la bandera azul y blanca, palpiten entusiasmados y sientan amor por este rico y priviligiado suelo; que se ahonde en ellos el respeto a las leyes argentinas...
Cuando creo que las cabecitas que me rodean estarán cansadas de oírme, saludan con una salva de aplausos mis últimas palabras, y sin que medie orden alguna entonan sonrientes , la canción de la Patria.
Me doy, entonces , cuenta cabal: no hablé de la fecha patria, pero señalé el sendero que la escuela debe mostrar a la infancia por el cual los ciudadanos llegan a " levantar a la faz de la tierra " la nación gloriosa que llaman Patria.
Rendí, pues , el homenaje, que deseaba a mi Patria, y lo rendí ante quienes debían recibirlo.
Plasmando el carácter nacional para conseguir el pueblo generoso y fuerte, noble y emprendedor, sincero y trabajador, sufrido y altivo, la escuela honra a la Patria y le tributa su mejor homenaje: porque el pueblo que reúne esas condiciones es el pueblo esencialmente patriota.
Escrito por Adelina Mendez Funes de Millán en su libro: Río Nativo.
Le dedico a mi abuela con todo mi amor y agradecida siempre a sus enseñanzas, la clave principal en mi vida fueron sus ejemplos.

Rio Nativo, libro de lectura.


Es en este momento, que trancribiré la narracion del libro de Lectura " Rio Nativo " para 6to grado.
Este libro lo escribió mi abuela:
Doña Adelina Mendez Funes de Millán y editado en 1935.
Es un hecho real, que al final de la narracion, hare mi comentario y una demostracion de la realidad de esos momentos.
Deseo con este relato, hacer presente el alma de mi abuela y darle mi cariño y cálidez con el recuerdo.
Porque llevo dentro mio el reconocimiento de la labor y también, la gran enseñanza que dejó en mi ser.



                        MARCELINO

Llovizna. Fría y menuda, helada y cortante, cae la garúa que, día y noche, empapa las calles y los campos. En las galerías, los caños de cinc gotean, monótona y sincopadamente, el agua que corre desde las azoteas de tejas. El cierzo, por ratos arremolina el agua y gime al pasar por las ventanas y los anchos portales.
¡ Días grises, invernales, de la provincia de Buenos Aires!...
Más grises antaño, allá por el 70, cuando los pueblos , aislados entre sí, carecían de pavimento en las calles y de alumbrado público...
En las callejuelas, barrosas, los pocos transeúntes nocturnos chapotean entre el fango. Los escasos faroles a kerosene derraman débil luz, amortiguada aun más por la atmósfera nebulosa.
Y mientras la monocorde y monótona gota del caño de los corredores produce somnolencia; en tanto que alrededor del brasero del cobre, enrojecido bajo la mesa, juegan a la lotería los contertulianos habituales, un lamento, un quejido llega desde la calle.
Interrúmpese la animacion del juego o desvélase quien , en el lecho, burla la inclemencia del tiempo.
Repítese el lamento, largo, lastimero, medroso. Salta del lecho, alguno, condolido, o abre la puerta de calle, resuelto el feliz jugador de lotería.
Alguien sufre; mucho debe ser el dolor, moral o físico que con noche tan frígida obliga a salir; tal vez alguna niña a quien se le muere la madre, o padre o hermano...
¡ Es tan lastimero ese llanto!... ¡ Es tan afligente ese sollozo que llega desde afuera, intermitente, convulso !...
- Misericordia divina...- exclama condolida, al oírlo alguna anciana.
- Desventurado !- dice otra.
- ¿ Por qué olvidará Dios a esas infelices criaturas?
- ¡ Mientras sin preocupaciones disfrutamos de estos ratos de solaz, gimen a nuestra puerta cuántos desgraciados!...¡ Si pudiéramos aliviar la pena de todos! - filosofa una caritativa jovencita...
Chirrían los goznes de puertas y ventanas de la vecindad al abrirse; a la piadosa pregunta, hecha desde distintas casas: "¿ Quién llora en la sombra ?", responde una carcajada, cristalina, carcajada de hombre joven, carcajada cuyos ecos corren , perdiéndose lejanos.
- ¡ Ese es Marcelino Franco!...¡ Qué muchacho !...
- Acabará con una pulmonía o tísico, ese jovencito; con semejante noche gastar estas bromas !...
Por estos barrios, en noches diversas, cuando la lluvia torrencial inundaba, o cuando la helada blanqueaba y endurecía el suelo, Marcelino, ese muchacho loco, repetía la chanza.
Veces hubo que oyó mas de una frase fuerte, dicha por quien no gustaba de diversiones molestas, o por alguien al cual no agradábale abandonar el lecho calentito y confortable...


En la tradicional misa del gallo, llenábase la única iglesia del pueblo, no sólo de las familias más destacadas de la parte urbana. Desde los confines del campo llegaban los patrones de las estancias y también la peonada con sus familias.
Las calles adyacentes a la iglesia y a la plaza abundaban en coches y caballos; estos últimos atados a los postes y a las gruesas cadenas que circundaban plaza e iglesia.
El paisanaje de luega barba negra lucía su mejor chiripá y chaquetilla de lustrina o merino. Al entrar al templo, destocábase el amplio chambergo y pleno de unción se hincaba para escuchar la palabra santa del sacerdote. Las criollas, con amplios vestidos de percal, bien almidonados, tocadas con pañuelos de seda, lucían sus trenzas.
Mujer y marido penetraban juntos al templo. De hinojos, todos, hombres y mujeres, inclinada la cabeza en rezo fervoroso, abstraidos de todo lo que no fuera el altar y el sacrificio oficiado, ofrecían a Marcelino momento oportuno para una diablura.
Hincándose como a rezar, iba de uno a otro sitio, uniedo sigilosamente, con alfileres, polleras y chiripás.
Al rato soltaba dentro del templo hasta una veintena de cuises (1); los animalitos saltaban entre el gentío, produciendo pánico, arrancando gritos.
Ignorantes del origen del tumulto algunas personas intentaban huir, y las polleras y chiripás prendidos motivaban escenas imaginables.
Carcajadas, voces fuertes, gritos en tanto que la enérgica voz del sacerdote se alzaba condenando severamente la irrespetuosidad y Marcelino corría por las solitarias calles, desternillándose de risa...
Una vez en Semana Santa.
El ama de llaves del señor cura, doña Antonia tenía en la iglesia, cerca del altar del Nazareno, una mecedora con asiento esterillado.
Marcelino cortó cuidadosamente, con un cortapluma, el asiento, todo el contorno.
Después de rezar el rosario, doña Antonia fué a arrellenarse en su sillon. ¡ Paff !... Húndese el asiento y en furibundo pataleo , las piernas en alto, el amalde llaves hacía esfuerzos para incorporarse.
- Jesús me valga- gritaba.- ¡ Que infamia !...Este no puede ser otro que Franco...¡ Maldito sea, maldito sea !...
Apaciguada por las amigas, la mujer siguió el interrumpido rezo. De tiempo en tiempo, una risita mozalbete se oía allá, al fondo de la nace, risita sofocada pero que doma Antonia percibía volviendo presto la cabeza, escudriñando con iracundos ojos...
Un mes y otro mes pasó.
Al cumplirse los dos meses de aquel suceso, una tarde llamaron perentoriamente al señor cura. Marcelino Franco, aquel nefasto Marcelino de la tranquila aldehuela, se moría y quería obtener el perdón para sus diabluras.
Diez y ocho años, alma alegre y sana, había tomado la vida por rumbo distinto a los demás compañeros y contrario a las severidades de la época. Y ahora pedía perdón para esa pobre alma, extraviada en aquel mundo envejecido antes de tiempo.
Doña Antonia abrió tamaños ojos: el estupor la enmudeció.
Repuesta de la sorpresa imploró:
- ¿ Se muere Marcelino?... Señor cura, déjeme ir a rezarle un rosario.¡ Pobrecito ! ¡ yo le maldije ! ¡ Debo alcanzarle con vida, antes que el alma se escape, para que no vaya a penar en el infierno!...
¡ Dios me perdone a mí también...!
Y cuentan las crónicas familiares que la buena mujer ayudó a Franco a bien morir: cerróle los ojos y lloro inconsolable; durante la noche rezo al lado del cadáver; ella lo veló. Al otro día , en la iglesia no se separó de su lado; rosario tras rosario, rogó por el alma del loco Marcelino. Y echóle mil bendiciones, entre fuertes sollozos, cuando el cortejo fúnebre abandonó el templo y tomó calle arriba, camino del campo santo.
                              
                             FIN

1) cuises: roedores que abundan en el campo. No tienen cola.
He colocado el certificado de defunción de Marcelino. En la lectura, su apellido es Franco. 
En realidad, es Marcelino Funes.
No tenia 18 años cuando falleció. Quizás las travesuras las realizó cuando tenia esa edad. 
Cuando falleció de Tuberculosis pulmonar , tenia  25 años.
Se puede observar que no recibió los santos sacramentos o extremaución. 
Se puede deducir, o llegó el cura cuando estaba muerto o...no se lo dieron como castigo.
Fuimos al cementerio, buscando su tumba y no la hallamos. Hicimos todo lo posible, en esos tiempos se cambiaban las tumbas de lugar.
Buscamos en los libros del cementerio, pero no lo encontré
Es real, porque mi abuela nos contaba de ese personaje que era su tio abuelo.
Tengo tambien su partida de nacimiento.
Dejo aquí , en este momento dos fotografias de lo que quedo del fuerte, donde se detenía al malón de tribus indígenas y  a caballo los corrian para proteger la poblacion de Ranchos.


Partida de Nacimiento de Celestina Funes.

Hoy, 15 de Febrero del año: 2.014
Querida Celestina Funes:
                                       he cumplido contigo; muchos años han pasado de tu muerte. Sin embargo has dejado en esta vida, la muestra del gran potencial de una verdadera poeta.
Soy una descendiente tuya y mi homenaje hoy, es mostrar tu Partida de Nacimiento .
Como tambien, el certificado de Casamiento de tus padres: Cecilio Funes con Luciana Garcia.
He recorrido ciudades, pueblos, archivos buscandote a ti y a nuestra familia: Los Funes.
Con todo mi cariño:
Eloisa Benitez Millán.
Certificado de Matrimonio de los padres de Celestina Funes.
Don Cecilio Funes y Luciana Garcia.

Final del Poema de Lucía Miranda.

                                                                     Encendióse una horrible
                                                                    hoguera alrededor de un  
                                                                    palo en el que ligaron
                                                                    á la cautiva.......
                                                                    al marido lo sacaron al 
                                                                    campo y amarrado á un
                                                                    árbol esperó la lluvia de
                                                                    saetas que le dispararon
                                                                    los jóvenes mas diestros
                                                                    en la punteria. Sucedió
                                                                    esta lamentable trajedia
                                                                    el año 1.532.
                                                                              Lozano
¡ Dichosos siempre los que creen y esperan!
Aquellas cuyas almas celestiales
Son vergeles de luz en donde lanza
Su arrullo sin cesar la fé bendita
Paloma del Eden, y la esperanza
Teje siempre sus palmas inmortales!
Los que pasando por el triste suelo,
Reino de la miseria,
Solo rozan con él por la materia
Mientras que tocan por el alma al cielo!
Los que cruzan en pos de su destino
El mundano erial, sin que á su cuerpo
Se adhieran los abrojos del camino,
Y que al hallar la huesa
Dejando sin sorpresa
De su camino al término el ropaje
Manchado por el lodo
Que obstruye el paso en el terrestre viaje
Extiéndese sobre ella
Una oracion sagrada murmurando
Y duérmese esperando
La nueva aurora esplendorosa y bella !
Asi cruzaron del amor en alas,
Vuelto el sublime espíritu
Hácia el Eden de las eternas galas.
El mundo desolado
El alma de Lucía y la de Hurtado;
Y asi lo abandonaron
Para volar unidas á los cielos,
En busca de la luz y la bonanza,
El arrullo inmortal de la esperanza,
De la fé bendecida
Entre el cendal de perfumados velos!
Asi los dos murieron:
Mártires infelices, que inmolados
En el altar de las pasiones fueron !
Sucumbieron los dos! ¿ A qué pintaros
La escena de su bárbaro suplicio,
Cuyo recuerdo el pensamiento abruma?
Harta de horrores mi cansada pluma,
Quiere ahora evitaros
La horrible descripcion del sacrificio.
Desplegad, pues , conmigo
El velo del silencio sobre aquellos
Cuadros de destruccion que á sangre y fuego
Trazó Siripo con encono ciego;
Desviemos la mirada
De aquella hoguera que cenizas hizo
Del cuerpo de Lucía desdichada,
Que destruyó con sin igual belleza
Perfeccionó con su celeste hechizo;
Sobre aquel árbol fúnebre
Donde sugeto el infeliz Hurtado
Fué el pecho generoso traspasado
Por mil traidoras flechas,
Hasta exhalar la vida con la gota
Postrer de sangre de su arteria rota!
Dejemos, pues , sus cuerpos y sigamos
Sus almas inmortales
Cuando al sentir deshechas
Las pesadas cadenas materiales,
El vuelo á las alturas emprendieron,
Pero primero en uno
Espíritu feliz se confundieron!
Como flecha de luz al infinito
Lanzada desde el arco de diamante,
Aque sublime espiritual dualismo
Atravesó el abismo
Que en el límite está de los finito.
Llamó á las puertas del Eden radiante
Que entre cascadas de fulgor se abrieron
Para darle cabida;
Atravesó sus mágico jardines
Donde florece la perenne vida,
Mientras los serafines
Pulsando acordes sus láudes de oro,
Saludaban su entrada
Con un acorde universal, sonoro,
Que hizo vibrar la celestial morada!
Y entre cantos, aromas y esplendores,
Yendo a caér, de Dios , sobre la frente
Coronada de eternos resplandores,
Formó de su diadema
Que inunda el mundo con su luz suprema,
El rayo mas magnífico y luciente ! !
Epílogo:
Años tras años muchos desde entónces
Veloces han pasado:
Tres siglos han volcado
El polvo de sus ruinas en el sitio
Do quedó la ceniza de Lucía!
Y apesar de este tiempo, todavia
El doliente ruïdo
Conque arrullan la plácida rivera
Las ondas del gran rio que atrevido
Surcó Gaboto por la vez primera,
Parece que murmura
El nombre de la hermosa castellana
Que inmoló el indio á su pasion impura;
Y la brisa que vuela
Envolviendo en rumores la llanura
Estremeciendo la onda bajo su ala,
Parece que tambien con la armonia
Que en vibradoras ráfagas exhala
Repitiese: Lucía !
Tres siglos han pasado lentamente
Y aun su recuerdo sin cesar persiste
Circundado de espléndida aureola;
El palpita doquiera
En el teatro gigantesco y triste
Del memorable drama de su vida:
El rumor de la ola
Que en la rivera plácida se desmaya,
El ave que gorgea estremecida
En los llorosos sauces de la playa,
Las brisas que los mecen
Con elocuente voz su alta memoria
Cantar allí parecen;
Y con mas alto y poderoso acento
Que el del ave, la ola, el manso viento,
Las áureas horas de mi patria historia,
Portento de bellezas,
Publican tan heróico sacrificio,
Puro destello de su sol de gloria,
Floron de su corona de grandezas!
Yo, despues de tres siglos transcurridos,
Desde tu fin, Lucía,
Vine a nacer en la feliz rivera
Del mismo rio hermoso
Que presenció tu fúnebre agonia:
Cuya linfa ligera
Se aumentó tantas veces con su llanto,
Cuyos vagos ruïdos
Llevaron tantas veces confundidos
Los suspiros que diste en tu quebranto.
Con la frente inclinada
Sobre el triste relato de tu vida,
He leído tu historia,
Martir sublime del amor, de ese ídolo
Unico digno de inmolar en su ara
La dicha de una vida, su mas cara
Grandiosa aspiracion, toda su gloria !
La he leido, y con temor pulsando
Las flojas cuerdas de la oscura lira
Que tu recuerdo memorable inspira,
La  he compendiado en estas
Pálidas flores de mi ingenio, rimas
Que unicamente con tu nombre animas
Y que solo por él tendran un éco
Entre el rumor de las mundanas fiestas !
Almas dichosas que cruzais el mundo
Por la senda feliz de los amores
Atados mutuamente
Con sus grillos suavisimos de flores;
De estas dos almas cuya historia trazo,
Aprended, os lo ruego,
A conservar indisoluble el lazo
Sublime del amor, cadena de oro
Que en ellas ni la hoguera
Pudo fundir con su potente fuego!
Y vosotras , tambien, á quienes fia
Un tierno corazon su fé sincera:
Imitad el ejemplo de Lucía,
Conservando tesoro tan precioso
Como ella guardó un dia
El que en el ara el entregó su esposo;
Y así, cuando en el cielo
Comparezcais, en alas de la muerte,
Aun despues del mas bárbaro suplicio,
Lo pondreis sin recelo
En la balanza del eterno juicio.
                             FIN
noviembre 2 de 1882
Autora: Celestina Fúnes.
Hecho ocurrido en 1.532
He copiado , palabra, y acentos que en aquellos tiempo se usaba. 
Todo está tal cual escrito. 


VIII Parte del Poema de Lucía Miranda.

                                                         
                                                      Observólo una india, mujer
                                                      de Siripo, pero repudiada por
                                                      él desde que este puso su aficion
                                                      en Lucía, contra quien abrigaba
                                                      en su bárbaro corason un odio
                                                      mortal por tal desaire, mirándola
                                                      como instrumento de su desgracia
                                                     Despicóse ahora dando parte á 
                                                     Siripo de lo que habia visto....
                                                     con prueba tan clara procedió al
                                                     castigo, que fué mandar quemar 
                                                     á Lucía y asaétar a su marido.
                                                                         Deán Funes

VIII  Parte del Poema : Lucía Miranda
Autora: Celestina Funes.
Estrellas, esplendentes luminares
Que ahora como entónces
Brillais en el espacio: vuestro rayo
Compuesto de diamantes á millares,
¡ Cuantas veces temblante, de soslayo
Fué a sorprender á Hurtado y á Lucía
En el recíproco abrazo
Bajo el docel de la enramada umbría!
Viagera infatigable de los cielos,
Meláncolica luna,
Vestal ceñida de plateados velos;
¡ Cuantas veces en tanto
Que cruzabas el éter, sobre el mundo
Desatando las perlas de tu manto
Fuiste dulce testigo de sus citas!
Ola de nácar de mi patrio rio
Que eternamente la rivera agitas
Con eternos murmullos;
¡Cuántas veces llevaste confundidos
Con tus dulces ruïdos
De sus almas amantes los arrullos !
Pasaron esos tiempos ! Inmutables
Persistis en la escena:
Vosotros luminares melancólicos
Rutilando en las noches,
Prendidos en la bóveda serena
Cúal diamantinos broches !
Tú, blanca luna de plateada veste,
Cruzando en inmortal sonambulismo
La inmensidad celeste,
Tú, linfa pasagera,
Ahora como entónces, con el mismo
Rumor batiendo la feraz ribera.
Pero de aquellas almas
De cuyas citas los amantes dejos,
Besos, suspiros, lágrimas, sonrisas,
Recojieron un dia con las brisas
Vuestas ondas, rumores y reflejos,
Solo queda al presente una memoria,
Nebulosa perdida
En las inmensidades de la historia !
Y así, bajo el dominio salvage,
Mas libre del ultrage
De su odio ó de su amor, entre los dos esposos
Eran casi dichosos,
Como pudiera serlo una pareja
Que de la dulce libertad privada,
Del caro nido, de la luz, del cielo,
Aun tuviera el consuelo
De estar cautiva por la misma reja.
Pero ¡ ah ! la dicha humana
Es un copo tan solo
De inconsistente espuma, nube vana
Que la brisa mas leve desvanece,
Lirio de una mañana
Que un rayo de la tarde languidece!
No fué mas la de Hurtado y de Lucía:
Crepúsculo instantáneo
Al que siguió la noche mas sombría.
Juguetes del amor desde que al mundo
Bajo su influencia mágica vinieron,
Por él, fueron felices un segundo,
Por él, también, desventurados fueron!
Por él, desde las playas españolas,
A merced de las olas
Del Paraná llegaron á la orilla,
Por él indio en el poder cayeron;
El los hirió los celos enjendrando
En el ardiente corazon de Quilla!
Quilla! la mas hermosa
Del Timbú entre las bellas, tan esbelta
Como una ceiba nueva
Que la copa gallarda, de sus flores
Entre el ropage de carmín envuelta,
En las risueñas islas
Que baña el manso Paraná, se eleva;
De cabellera luenga y abundante
Como el ramage del sauzal lloroso
Que se mira en la onda murmurante,
Ella fué, ántes de la hora
Do viniera á la tribu cristiana
Del alma del Timbú reina y señora;
Empero desde el dia
En que aquel con la imágen de Lucía
Ocupó sus ensueños y desvelos,
Ella si olvido lamentó sin calma,
Y sintió dentro el alma
La ponzoña del áspid de los celos.


Y odió con ciego encono,
Odió á la que miraba en su amargura
Como causa fatal de su abandono
Venganza cruel contra ella concibiendo.
El maléfico génio
Que poseído de furor tremendo
Bajo sus alas de crespon cubría
La amorosa pareja,
Protejió sus proyectos: cierto dia
Quilla, por un acaso, á los esposos
Sorprendió de una cita
En los vagos deliquios venturosos !
Corrió á Siripo y deslizó en su oído
La tremenda denuncia de aquel hecho
Que hizo estallar el odio comprimido
Del cacique feroz dentro del pecho!
Fué su primer impulso
Volar á los cristianos y en su sangre
Ahogar la rebelión de su decreto;
Mas contuvo aquel ímpetu salvage
Meditando discreto
Que en los lábios de la Quilla despreciada
Solamente hablaría
La voz de su pasion tan ultrajada
Al par que su rencor hácia Lucía.
Quiso pues cerciorarse por sí mismo
De la verdad terrible
Mientras fórjaba una venganza horrible,
Y fingiendo una ausencia
Dejó que los esposos separados,
Libres de su presencia
Corrieran á encontrarse enamorados.
Escondido de un sauce en el ramage,
El los vió en la ribera
Que bordaba de perlas el oleage,
El los vió, con los ojos
Inyectados en sangre, el alma entera
Llena de celos, de dolor, de enojos,
Entre mútuos abrazos,
Uniéndose los lábios y las frentes
Con celestiales lazos,
Contarse sus amores inocentes;
El escuchó con vértigo y delirio
El rumor de sus besos celestiales,
Enconados puñales
Que le daban un bárbaro martirio!
¿ Y despues?... No vió mas: enloquecido
Por el ódio y los celos , levantando
El ramage tupido,
Se alzó antes los esposos desdichados
Que á su aspecto fatídico
Quedaronse de horror petrificados.
Y entónces , sofocando
Su pasion infinita por Lucía
Cin el odio hácia Hurtado, balbuceando
Dictó su labio la sentencia ímpia!
-"¡ Oh, Lucía, esclamó; fatal belleza
Aquien con fé sincera
Rendí mi corazon y poderio,
Oyeme á tu pesar por vez postrera:
Yo acepté resignado
Tu cruel desdén para mi amor ferviente
En cambio, solamente
De que olvidases al cristiano odiado.
Hoy que me haces traicion, tu muertesolo
Con la sangre maldita de tu amado
Puede aplicar mi ira:
Morid, pues: tú en la hoguera,
Tu hermosura fatal trague la pira!
Y tú maldito Hurtado,
Por la saeta el cuerpo traspasado !"
....................................................
Así del rio en la feraz rivera
Terminó aquella cita- la postrera
Que se dieron Hurtado y su Lucía:
Entre sombras sangrientas, tristemente
El sol en aquel dia
Se ocultó en occidente;
Algo como un gemido pavoroso
Fué el ruido de las ondas
Al que mezcló su trino doloroso
La tórtola abatida de las frondas:
Y mas negra que nunca
Sin un rayo de luz, sin un encanto,
Cayó la triste noche
Para cubrir del drama el desenlace
Bajo el crespón de su tupido manto!

La última Parte del Poema de Lucía Miranda, lo publicaré en pocas horas.



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