" Las Viudas "

" Las Viudas "
acuarela sobre papel de arroz de alto gramaje

Final del Poema de Lucía Miranda.

                                                                     Encendióse una horrible
                                                                    hoguera alrededor de un  
                                                                    palo en el que ligaron
                                                                    á la cautiva.......
                                                                    al marido lo sacaron al 
                                                                    campo y amarrado á un
                                                                    árbol esperó la lluvia de
                                                                    saetas que le dispararon
                                                                    los jóvenes mas diestros
                                                                    en la punteria. Sucedió
                                                                    esta lamentable trajedia
                                                                    el año 1.532.
                                                                              Lozano
¡ Dichosos siempre los que creen y esperan!
Aquellas cuyas almas celestiales
Son vergeles de luz en donde lanza
Su arrullo sin cesar la fé bendita
Paloma del Eden, y la esperanza
Teje siempre sus palmas inmortales!
Los que pasando por el triste suelo,
Reino de la miseria,
Solo rozan con él por la materia
Mientras que tocan por el alma al cielo!
Los que cruzan en pos de su destino
El mundano erial, sin que á su cuerpo
Se adhieran los abrojos del camino,
Y que al hallar la huesa
Dejando sin sorpresa
De su camino al término el ropaje
Manchado por el lodo
Que obstruye el paso en el terrestre viaje
Extiéndese sobre ella
Una oracion sagrada murmurando
Y duérmese esperando
La nueva aurora esplendorosa y bella !
Asi cruzaron del amor en alas,
Vuelto el sublime espíritu
Hácia el Eden de las eternas galas.
El mundo desolado
El alma de Lucía y la de Hurtado;
Y asi lo abandonaron
Para volar unidas á los cielos,
En busca de la luz y la bonanza,
El arrullo inmortal de la esperanza,
De la fé bendecida
Entre el cendal de perfumados velos!
Asi los dos murieron:
Mártires infelices, que inmolados
En el altar de las pasiones fueron !
Sucumbieron los dos! ¿ A qué pintaros
La escena de su bárbaro suplicio,
Cuyo recuerdo el pensamiento abruma?
Harta de horrores mi cansada pluma,
Quiere ahora evitaros
La horrible descripcion del sacrificio.
Desplegad, pues , conmigo
El velo del silencio sobre aquellos
Cuadros de destruccion que á sangre y fuego
Trazó Siripo con encono ciego;
Desviemos la mirada
De aquella hoguera que cenizas hizo
Del cuerpo de Lucía desdichada,
Que destruyó con sin igual belleza
Perfeccionó con su celeste hechizo;
Sobre aquel árbol fúnebre
Donde sugeto el infeliz Hurtado
Fué el pecho generoso traspasado
Por mil traidoras flechas,
Hasta exhalar la vida con la gota
Postrer de sangre de su arteria rota!
Dejemos, pues , sus cuerpos y sigamos
Sus almas inmortales
Cuando al sentir deshechas
Las pesadas cadenas materiales,
El vuelo á las alturas emprendieron,
Pero primero en uno
Espíritu feliz se confundieron!
Como flecha de luz al infinito
Lanzada desde el arco de diamante,
Aque sublime espiritual dualismo
Atravesó el abismo
Que en el límite está de los finito.
Llamó á las puertas del Eden radiante
Que entre cascadas de fulgor se abrieron
Para darle cabida;
Atravesó sus mágico jardines
Donde florece la perenne vida,
Mientras los serafines
Pulsando acordes sus láudes de oro,
Saludaban su entrada
Con un acorde universal, sonoro,
Que hizo vibrar la celestial morada!
Y entre cantos, aromas y esplendores,
Yendo a caér, de Dios , sobre la frente
Coronada de eternos resplandores,
Formó de su diadema
Que inunda el mundo con su luz suprema,
El rayo mas magnífico y luciente ! !
Epílogo:
Años tras años muchos desde entónces
Veloces han pasado:
Tres siglos han volcado
El polvo de sus ruinas en el sitio
Do quedó la ceniza de Lucía!
Y apesar de este tiempo, todavia
El doliente ruïdo
Conque arrullan la plácida rivera
Las ondas del gran rio que atrevido
Surcó Gaboto por la vez primera,
Parece que murmura
El nombre de la hermosa castellana
Que inmoló el indio á su pasion impura;
Y la brisa que vuela
Envolviendo en rumores la llanura
Estremeciendo la onda bajo su ala,
Parece que tambien con la armonia
Que en vibradoras ráfagas exhala
Repitiese: Lucía !
Tres siglos han pasado lentamente
Y aun su recuerdo sin cesar persiste
Circundado de espléndida aureola;
El palpita doquiera
En el teatro gigantesco y triste
Del memorable drama de su vida:
El rumor de la ola
Que en la rivera plácida se desmaya,
El ave que gorgea estremecida
En los llorosos sauces de la playa,
Las brisas que los mecen
Con elocuente voz su alta memoria
Cantar allí parecen;
Y con mas alto y poderoso acento
Que el del ave, la ola, el manso viento,
Las áureas horas de mi patria historia,
Portento de bellezas,
Publican tan heróico sacrificio,
Puro destello de su sol de gloria,
Floron de su corona de grandezas!
Yo, despues de tres siglos transcurridos,
Desde tu fin, Lucía,
Vine a nacer en la feliz rivera
Del mismo rio hermoso
Que presenció tu fúnebre agonia:
Cuya linfa ligera
Se aumentó tantas veces con su llanto,
Cuyos vagos ruïdos
Llevaron tantas veces confundidos
Los suspiros que diste en tu quebranto.
Con la frente inclinada
Sobre el triste relato de tu vida,
He leído tu historia,
Martir sublime del amor, de ese ídolo
Unico digno de inmolar en su ara
La dicha de una vida, su mas cara
Grandiosa aspiracion, toda su gloria !
La he leido, y con temor pulsando
Las flojas cuerdas de la oscura lira
Que tu recuerdo memorable inspira,
La  he compendiado en estas
Pálidas flores de mi ingenio, rimas
Que unicamente con tu nombre animas
Y que solo por él tendran un éco
Entre el rumor de las mundanas fiestas !
Almas dichosas que cruzais el mundo
Por la senda feliz de los amores
Atados mutuamente
Con sus grillos suavisimos de flores;
De estas dos almas cuya historia trazo,
Aprended, os lo ruego,
A conservar indisoluble el lazo
Sublime del amor, cadena de oro
Que en ellas ni la hoguera
Pudo fundir con su potente fuego!
Y vosotras , tambien, á quienes fia
Un tierno corazon su fé sincera:
Imitad el ejemplo de Lucía,
Conservando tesoro tan precioso
Como ella guardó un dia
El que en el ara el entregó su esposo;
Y así, cuando en el cielo
Comparezcais, en alas de la muerte,
Aun despues del mas bárbaro suplicio,
Lo pondreis sin recelo
En la balanza del eterno juicio.
                             FIN
noviembre 2 de 1882
Autora: Celestina Fúnes.
Hecho ocurrido en 1.532
He copiado , palabra, y acentos que en aquellos tiempo se usaba. 
Todo está tal cual escrito. 


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