" Las Viudas "

" Las Viudas "
acuarela sobre papel de arroz de alto gramaje

VIII Parte del Poema de Lucía Miranda.

                                                         
                                                      Observólo una india, mujer
                                                      de Siripo, pero repudiada por
                                                      él desde que este puso su aficion
                                                      en Lucía, contra quien abrigaba
                                                      en su bárbaro corason un odio
                                                      mortal por tal desaire, mirándola
                                                      como instrumento de su desgracia
                                                     Despicóse ahora dando parte á 
                                                     Siripo de lo que habia visto....
                                                     con prueba tan clara procedió al
                                                     castigo, que fué mandar quemar 
                                                     á Lucía y asaétar a su marido.
                                                                         Deán Funes

VIII  Parte del Poema : Lucía Miranda
Autora: Celestina Funes.
Estrellas, esplendentes luminares
Que ahora como entónces
Brillais en el espacio: vuestro rayo
Compuesto de diamantes á millares,
¡ Cuantas veces temblante, de soslayo
Fué a sorprender á Hurtado y á Lucía
En el recíproco abrazo
Bajo el docel de la enramada umbría!
Viagera infatigable de los cielos,
Meláncolica luna,
Vestal ceñida de plateados velos;
¡ Cuantas veces en tanto
Que cruzabas el éter, sobre el mundo
Desatando las perlas de tu manto
Fuiste dulce testigo de sus citas!
Ola de nácar de mi patrio rio
Que eternamente la rivera agitas
Con eternos murmullos;
¡Cuántas veces llevaste confundidos
Con tus dulces ruïdos
De sus almas amantes los arrullos !
Pasaron esos tiempos ! Inmutables
Persistis en la escena:
Vosotros luminares melancólicos
Rutilando en las noches,
Prendidos en la bóveda serena
Cúal diamantinos broches !
Tú, blanca luna de plateada veste,
Cruzando en inmortal sonambulismo
La inmensidad celeste,
Tú, linfa pasagera,
Ahora como entónces, con el mismo
Rumor batiendo la feraz ribera.
Pero de aquellas almas
De cuyas citas los amantes dejos,
Besos, suspiros, lágrimas, sonrisas,
Recojieron un dia con las brisas
Vuestas ondas, rumores y reflejos,
Solo queda al presente una memoria,
Nebulosa perdida
En las inmensidades de la historia !
Y así, bajo el dominio salvage,
Mas libre del ultrage
De su odio ó de su amor, entre los dos esposos
Eran casi dichosos,
Como pudiera serlo una pareja
Que de la dulce libertad privada,
Del caro nido, de la luz, del cielo,
Aun tuviera el consuelo
De estar cautiva por la misma reja.
Pero ¡ ah ! la dicha humana
Es un copo tan solo
De inconsistente espuma, nube vana
Que la brisa mas leve desvanece,
Lirio de una mañana
Que un rayo de la tarde languidece!
No fué mas la de Hurtado y de Lucía:
Crepúsculo instantáneo
Al que siguió la noche mas sombría.
Juguetes del amor desde que al mundo
Bajo su influencia mágica vinieron,
Por él, fueron felices un segundo,
Por él, también, desventurados fueron!
Por él, desde las playas españolas,
A merced de las olas
Del Paraná llegaron á la orilla,
Por él indio en el poder cayeron;
El los hirió los celos enjendrando
En el ardiente corazon de Quilla!
Quilla! la mas hermosa
Del Timbú entre las bellas, tan esbelta
Como una ceiba nueva
Que la copa gallarda, de sus flores
Entre el ropage de carmín envuelta,
En las risueñas islas
Que baña el manso Paraná, se eleva;
De cabellera luenga y abundante
Como el ramage del sauzal lloroso
Que se mira en la onda murmurante,
Ella fué, ántes de la hora
Do viniera á la tribu cristiana
Del alma del Timbú reina y señora;
Empero desde el dia
En que aquel con la imágen de Lucía
Ocupó sus ensueños y desvelos,
Ella si olvido lamentó sin calma,
Y sintió dentro el alma
La ponzoña del áspid de los celos.


Y odió con ciego encono,
Odió á la que miraba en su amargura
Como causa fatal de su abandono
Venganza cruel contra ella concibiendo.
El maléfico génio
Que poseído de furor tremendo
Bajo sus alas de crespon cubría
La amorosa pareja,
Protejió sus proyectos: cierto dia
Quilla, por un acaso, á los esposos
Sorprendió de una cita
En los vagos deliquios venturosos !
Corrió á Siripo y deslizó en su oído
La tremenda denuncia de aquel hecho
Que hizo estallar el odio comprimido
Del cacique feroz dentro del pecho!
Fué su primer impulso
Volar á los cristianos y en su sangre
Ahogar la rebelión de su decreto;
Mas contuvo aquel ímpetu salvage
Meditando discreto
Que en los lábios de la Quilla despreciada
Solamente hablaría
La voz de su pasion tan ultrajada
Al par que su rencor hácia Lucía.
Quiso pues cerciorarse por sí mismo
De la verdad terrible
Mientras fórjaba una venganza horrible,
Y fingiendo una ausencia
Dejó que los esposos separados,
Libres de su presencia
Corrieran á encontrarse enamorados.
Escondido de un sauce en el ramage,
El los vió en la ribera
Que bordaba de perlas el oleage,
El los vió, con los ojos
Inyectados en sangre, el alma entera
Llena de celos, de dolor, de enojos,
Entre mútuos abrazos,
Uniéndose los lábios y las frentes
Con celestiales lazos,
Contarse sus amores inocentes;
El escuchó con vértigo y delirio
El rumor de sus besos celestiales,
Enconados puñales
Que le daban un bárbaro martirio!
¿ Y despues?... No vió mas: enloquecido
Por el ódio y los celos , levantando
El ramage tupido,
Se alzó antes los esposos desdichados
Que á su aspecto fatídico
Quedaronse de horror petrificados.
Y entónces , sofocando
Su pasion infinita por Lucía
Cin el odio hácia Hurtado, balbuceando
Dictó su labio la sentencia ímpia!
-"¡ Oh, Lucía, esclamó; fatal belleza
Aquien con fé sincera
Rendí mi corazon y poderio,
Oyeme á tu pesar por vez postrera:
Yo acepté resignado
Tu cruel desdén para mi amor ferviente
En cambio, solamente
De que olvidases al cristiano odiado.
Hoy que me haces traicion, tu muertesolo
Con la sangre maldita de tu amado
Puede aplicar mi ira:
Morid, pues: tú en la hoguera,
Tu hermosura fatal trague la pira!
Y tú maldito Hurtado,
Por la saeta el cuerpo traspasado !"
....................................................
Así del rio en la feraz rivera
Terminó aquella cita- la postrera
Que se dieron Hurtado y su Lucía:
Entre sombras sangrientas, tristemente
El sol en aquel dia
Se ocultó en occidente;
Algo como un gemido pavoroso
Fué el ruido de las ondas
Al que mezcló su trino doloroso
La tórtola abatida de las frondas:
Y mas negra que nunca
Sin un rayo de luz, sin un encanto,
Cayó la triste noche
Para cubrir del drama el desenlace
Bajo el crespón de su tupido manto!

La última Parte del Poema de Lucía Miranda, lo publicaré en pocas horas.



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