" Las Viudas "

" Las Viudas "
acuarela sobre papel de arroz de alto gramaje

Esta Es Celestina Funes .II Poema Lucia Miranda

Continuo el dia de hoy, con los siguientes parrafos del poema de Celestina Funes.
Lucia Miranda.
 Bella cual los ensueños,
Crëaciones de luz y de armonía
Que en esplendente coro
Nos pinta la atrevida fantasía
Allá en la adolescencia,
Brillante rayo de oro
Del cielo de la mísera existencia;
Era Lucía, la heroina triste
De aquel drama sombrio
Que un día presenciaron
Las claras ondas del grandioso río.
Su patria , Andalucía,
Sobre su cuerpo prodigado había
Sus gracias seductoras:
La luz de sus auroras
En sus ardientes, expresivos ojos,
Velados por magnificas pestañas,
De sus tardes los vividos sonrojos
Y el blanco de sus frescas azucenas
En sus tersas mejillas ruborosas,
El ébano brillante de sus bosques
En sus trenzas sedosas,
Sus finas perlas, su coral luciente
En su graciosa boca,
Tesoro de dulcísimas sonrisas,
Y el canto de sus olas y sus brisas
En su mágica voz , que si vibraba
Con su música del cielo
El oído embriagaba!
Era muy bella la infeliz Lucía,
Era dos veces bella: poesía
Al par que la hermosura transitoria
De gracias materiales,
Los sublimes encantos idëales,
Esa hermosura , inmarcesible palma
Que no agotan los años:
La belleza seráfica del alma !
De tierno afecto conyugal modelo,
Sobre la frágil nave
Dejó las playas del nativo suelo,
Hermanos, amistad, madre amorosa,
Los sitios de su infancia venturosa
De recuerdos tan tiernos,
Para seguir sobre la mar bravía
Al esposo feliz á quien un día
Jurara amor eterno.
Por el también sufría 
Con cristiana paciencia, la amargura
De una existencia aislada é insegura,
De la suerte de los bárbaros ultrajes,
Y el constante peligro
De vivir rodeada de salvajes!
Mas ¿ que dicha, aunque sea
El mas precioso encanto de su vida,
Las afecciones de su ser mas caras,
No es capaz de inmolar sobre las aras
De la imagen querida
Una mujer que quiere con el alma?
Propia felicidad, preciosa calma,
Bienestar suspirado:
! No valeis en el mundo
Lo que la paz de un corazon amado!
Así , para Lucía , fueron nada
Los goces de sus lares,
El dulce amor de su familia amada,
Todo fué a deponerlo en los altares
Del amor de su esposo, y desviando
Del cuadro de la patria tan risueño
Los ojos , suspirando,
Sobre el mísero leño
Surcó sin miedo el hórrido oleaje
Para habitar la americana tierra
Bajo el odio implacable del salvaje!
Mezquina y azorosa
Era la vida en ella: a toda hora
Del indio la acechanza
El hambre,la míseria aterradora,
Tal vez la muerte en manos del impio,
Fatídica esperanza
Que les guardaba el porvenir sombrio!
! No importaba! sus almas
Se profesaban sin igual ternura
Que hacia por si sola su ventura;
Si un día la existencia les robaba
Con su odio el indio, siempre
Tendrian consuelo
De sentir rotos los carnales lazos
Entre mutuos abrazos,
Y volar juntos al ansiado cielo!
IV
                   Mangora
                                  Mangora, gefe de los Timbúes,
                                  no pudo resistir á los dardos
                                  inflamados del amor
                                                           Funes
Como el río que yendo desbordado
De súbito siente
por un dique obligado
A detener su rápida corriente,
Trocado aquel empuje
Que, libre, en la pradera
Hacinaba despojos por doquiera,
En formidable ajitacion que ruje
De la onda en el seno
Como en la entraña de la nube el trueno;
Así la tribu del Timbú salvage
Que inundaba la tierra que dos ríos
Azotan con su oleaje,
Por la española hueste detenido
Retrocedió con su cacique al frente,
Mangora, el que potente
Como domina el cóndor en la altura
Reinaba en la llanura,
Hasta aquel día en que el íbero osado
Surcó su río amado.

 ! Ay ! desde aquella hora
Dentro del alma del feroz Mangora,
Como en el fondo del volcan el fuego,
Bullian dos pasiones:
! Odio, capaz de insólito exterminio,
Amor inmenso, ciego!
Odio al conquistador cuya braveza
Venía a disputarle su dominio,
Y amor.....hacia Lucía,
Aquella diosa de sin par belleza
Que un español dichoso poseía!
Amaba a esa mujer! Aquel gusano
Que se arrastraba con su brillo vano
De la barbarie en el inmundo cieno,
En su infundado orgullo
Ansió habitar en el hermoso seno
De aquel blanco , riquísimo capullo!

 Amor, amor dominador del mundo:
¿ Quien se resiste á tu poder fecundo?
Cuando tu vara mágica le toca,
Hasta el alma del réprobo inhumana,
Cual agua fresca del Oreb la roca
Rico raudal de sentimientos mana !!
Así aquella pasion brotó en Mangora;
Linfa, en su orígen, plácida y sonora,
Despues , rio de lodo
Que fue asolando con su empuje todo!
Su corazón mezquino
No pudo contener aquel intenso
Tremendo amor, como la pampa inmenso;
Cual el volcan que hácia el cristal del cielo
Arroja su ignea lava
Que sin manchar su brillo, vuelve al suelo,
Así de su pasión el cieno impuro
Lanzó al cielo del alma de Lucía
Sin empañarle su esplendor tan puro;
Así volcó en su oído
Endulzando su acento
Cuanto pudo en su rudo sentimiento,
La onda de su amor, y conmovido
Rindió allí en una sola
Promesa de ternura á la española,
Con su alma, su poder, cuanto tenia;
Su extendido dominio
Con sus llanos, sus aves y sus flores,
Sus anchos rios, su espesura umbría
En cambio del favor de sus amores!
! Ah ! Lo absurdo ignoraba
Del insólito afan de su alma loca;
Extraño á la virtud, en su barbarie,
Nunca pensó que fuese en su desvelo
La virtud de Lucía, firme roca
Do se estrellára la onda de su anhelo.
Por eso al oir del labio do esperaba
Promesa hallar de insólita ventura,
Sentencia de desprecio y de amargura,
Nada igualó á la ira
Que desvastó su alma
Con el incendio de espantosa pira!
No abriga mas furor la hambrienta fiera
Que huyendo con afan por la espesura
Del tenaz cazador, en la carrera
Pierde la presa que creyó segura!
Volvió á su aduar, ya muerta la esperanza
De su pasion impura,
Ardiendo de sed de estrago y de matanza,
En tanto que de hinojos
Oraba la infeliz , causa inocente
De aquel amor que hallaba de repente
Como el abismo del horror ante sus ojos,
Cual triste vaticinio
De próxima desdicha y exterminio.
Ya en su morada Mangorá de vuelta,
Libre del espantoso paroxismo
Que ante Lucía anonadó su alma,
Sintió surgir del fondo de su abismo
Tormenta de pasiones, cual del súbito
Allá en las tardes del estío ardiente
Cuando parece que en mas calma se halla
La atmósfera candente,
Con fuerza inmensa el aquilon estalla!
Todo su sentimiento revelado
Se alzó envolviendo en su turbion airado
La débil luz de su razon sombría;
No acertó por si mismo,
Tras largas horas de batalla impía,
A arrancarse del fondo del abismo,
Y fué a pedir en su contienda ruda
A Siripo, su hermano, alguna idea
Para su noche de dolor y duda.
Contóle su pasión, inmensa tea
Que encendió la mirada de Lucía,
Sentimiento profundo,
Su solo afan entónces sobre el mundo,
Pidiendole su mediacion sincera
Para alcanzar la meta de su anhelo:
El suspirado amor de la extranjera.
Mudo, Siripo, le escuchaba en tanto,
Pero mientras su labio se callaba,
Todo su rostro hablaba
En un lenguaje que causaba espanto !
Torba la frente, del rencor velada,
El rayo de la ira en la mirada,
! Que horrores decía
De sus facciones la espresion sombría!
El abrigaba entre su pecho airado
Odio mortal al hijo de Castilla,
Y lavar con su sangre habia jurado
Sus huellas todas en su patria orilla.
Al fin le daba de su mismo hermano
La pasion ciega, impura,
Una ocasion segura
Para cumplir su juramento insano.
Calló Mangorá, y estalló en Siripo
El odio cruel de que se hallaba lleno,
Con brillo de relámpago en sus ojos
Y en su palabra retumbar del trueno!
- ! Al fin, le dijo, se llegó la hora
De vengar del estraño la osadia;
Vuelve á ser hoy, Mangorá,
Lo que fuiste en un dia:
Del valiente Timbú, digno cacique!
! Vamos ! Cansados de tan dura suerte,
Ansiamos solo de tu mano un signo
Para caer sobre el hispano indigno;
Perezcan todos, desaparezca el fuerte,
Y sea de esta accion para nosotros
La recompensa ansiada
La libertad que nos robó el cristiano,
Y para tí,  !oh hermano !
La posesion de la mujer amada!
Escuchólo Mangorá, y hubo luego
Aun en su alma la lucha de un instante
Entre un instinto de piedad y el ciego
Anhelo de su amor, pero el segundo
Venció en la voz que al oido le decia:
! Ha de ser premio de tu accion, Lucía !
- ! Sea ! exclamó, por fin, mas ¿ como puede
Caer á nuestros golpes el cristiano
Si su solo valor al del jaguar excede?
Si mata como un rayo y anonada
Cuanto encuentra al alcance de su espada?
- Destierra el desaliento:
Mañana, al alba, en busca del sustento
Que ya á de faltarles en el fuerte empieza,
Cuarenta partirán de sus soldados;
No han de vencer con su sola braveza
Nuestro numero entónces,
Estan , á mas, en el Timbú confiados:
Si vamos con presentes a su puerta,
Al punto se abrirá sin desconfianza,
Y entonces.......! juzga, hermano,
Sin sin ciertas Lucía y la venganza !


Yo, Eloisa Benitez Millán, continuo la expresión de arte y poesia a traves de los escritos de Celestina Funes.
En pocas horas continua con el capítulo : La traición

 

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Eloisa

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