" Las Viudas "

" Las Viudas "
acuarela sobre papel de arroz de alto gramaje

Poema de Lucia Miranda

Celestina Funes fué prima de mi abuela Adelina Funes de Millán.
Fué Celestina la autora de una de las obras mas bellas:
Lucia Miranda. Año 1883
He aqui su Fotografia. Pude ubicar su libro en una biblioteca de Santa Fé, Argentina.
Luego de recorrer bibliotecas pude hallar esto que para mi es un tesoro.
Es un honor para mi , tener su fotografia y colocar aquí su escrito.

Parte Primera: Introducción.
Mezclando sus murmullos,
Sus perñas y sus nitidas espumas,
Bajo arcos de esmeraldas
Que pueblan de dulcisimos arrullos
Bandadas de aves de pintadas plumas,
Hollando alfombras de vistosa gualda,
Van serpenteando con raudal bullente
El Paraná espumoso
Y el manso y transparente Rio Carcaraña, límpido extremo
De esa cinta de plata
Que anudada en la cumbre de la sierra
Que el reposo de Córdoba defiende
A través de su flanco se desata
Y hasta mi rica Santa Fé se estiende.
Viniendo a entrelazarse
Con un nudo de perlas al undoso
Limpio caudal del Paraná grandioso !
! Con que notas de plácida armonía
Serpeando entre barrancas
Besa la playa su corriente fria,
Mientras extiende en ella los encajes
De sus espumas blancas!
Si oyeseis sus rumores: sonorosa
La música vibrante de sus olas
Al volcarse en el ala vagarosa
De la brisa que cruza la llanura
Meciendo de sus flores las corolas,
Tiene como un acento de tristura:
Meláncolico acorde que parece
Traer a la memoria
El recuerdo lloroso de una historia;
De una historia de amor y desventura
Tierna como el murmullo
De dulces besos infantiles, triste
Como el doliente arrullo
De la torcaz amante que perdido
Llora en las frondas del sauzal, el nido;
Poema escrito con lágrimas en páginas
Del color melancólico del lirio
Donde se halla el alma que el amor sincero
Resiste sin morir hasta el martirio. 
                                 
Conocerla debeis con las grandezas
De la argentina historia,
Entre cuyos espléndidos anales,
Constelacion radiante de bellezas;
Ese suceso de inmortal memoria
Descuella con destellos inmortales.
Mas yo podré, de mi modesta lira
A la rústica voz, que solo enseñan
Las notas del pampero
Y el plácido rumor con que suspira
Del Paraná la rápida corriente,
Ese poema de amores, lastimero,
Contaros nuevamente;
Y sentireis oyendo mi relato
El alma fibra
Palpitar de emocion, y vuestro espíritu
Sentireis como vibra
Al impulso de dulce simpatía,
Por ese ejemplo tierno
De pureza y virtud, de amor eterno. 
! Ah ! no serán, sin duda, mis acentos,
Sin fuerza ni armonía,
Los que inunden vuestra alma
En esos inefables sentimientos;
Muy poco puede la palabra mía!
Será del hecho mismo
La sublime grandeza, la poesia,
Que aun envuelta en la frase sin encanto
De la prosa mas fría,
Puede arrasaros la pupila en llanto,
Turbar en vuestro espíritu la calma
Y alzar con sus detalles
Tromba de sentimientos en el alma!
Oídme, pues, y ya que el arte hermoso
No presta sus encantos
Ni su medida á mis humildes cantos,
Dénme al menos los rios
De mi patria llanura
De sus olas de nácar y de plata
Los rumores de mágicas dulzura,
Las brisas de sus selvas
Su manso susurrar, y la ternura
De sus trinos suaves
Las que cuelgan sus nidos, bellas aves
Bajo perfumadas madreselvas!
II
                           SANTI-ESPIRITU

La América encantada,
Magico eden de luz y de armonía
Que el génio de Colón arrancó un día
De la mar ignorada,
Fué para la anhelante fantasía
Del hijo de la España
Arca inmensa de insolito tesoro!
! Cuanta loca quimera, que visiones
No alborotó en su mente aquella estraña
Desconocida tierra
Que él pobló de fantasticas creaciones:
Rios de plata con arenas de oro
Sobre lecho de ricos minerales;
Y mares de zafiro fulgurantes
Con arcos deslumbrantes
De pintados magnificos corales,
Y peñascos de perlas nacaradas;
Con grutas encantadas
Encerrando en sus senos misteriosos
Caudales prodigiosos !
Do quiera, en fin, bajo el fecundo suelo
Inagotables minas
De innúmeros diamantes luminosos
De ópalos bellos y esmeraldas finas!
Y los hijos de España
Ansiosos se lanzaron tras aquella
Grata promesa de oro,
Dejando el suelo de la patria bella,
Arrostrando la saña
Del furibundo mar, sobre la prora
De la nave atrevida,
Para encontrar a veces solamente
La muerte aterradora
En aquella region desconocida.
Y así estamparon su valiente huella,
De América en la orilla
Del golfo de México espumoso
Hasta el estrecho hermoso
Que el pié acaricia de mi patria bella,
Impávidas legiones
De aventureros mil, que delirando
Con locos y fantasticos ideales
Y ardiendo en sed de oro,
Cavaban de la tierra las entrañas
Para apagar su fiebre de caudales:
Anhelado tesoro
Que al sepultarse en el abismo, avaros
Dejaban por doquiera
Bajo la lumbre limpida del cielo
De América fecunda, cuyo suelo
Orientales riquezas á porfia
En cambio solamente
De la labor honrada les daría.
 Y así tambien llegaron a la orilla
Del Plata , en sus arenas
Clavando el estandarte de Castilla,
Juan de Solís, hábil piloto,
Víctima del salvaje
Señor del Uruguay y sus riberas,
Y el valiente Gaboto,
Que mas dichoso que Solís, surcando
Del Plata el oleaje,
Llegó el grandioso Paraná, ese río
Remedo de la mar, que murmurando
Con sonora armonía
Va de perlas y espumas salpicando
Los anchos llanos de la pátria mia.
Surcó atrevido su raudal ligero
Luchando á cada paso con el fiero
Morador de sus playas,
Y fué a clavar la hispánica bandera
Dó con lados de perlas y de nácar
Forman ángulo hermoso
El Paraná armonioso
Con el plácido estremo del Tercero.
En aquellas magníficas llanuras,
Bajo los verdes bosques
Que bordan las estension de la rivera
Cuyo espeso ramage
Teje la cariñosa enredadera,
Entonces levantaba
Su ardüar el indígena salvaje:
El Timbú valeroso
Como el ágil jaguar de la espesura,
Libre como el pampero impetüoso
Que cruza , murmurando, la llanura;
Sobre los fuertes hombros
Desceñida la inculta cabellera,
Cruzando al pecho su carcaj repleto,
Reinaba por completo
A la voz de su gefe
En el río, en el bosque, en la pradera
En su mismo dominio el veneciano
Puso la planta altiva con su gente
Paz brindando al Timbú, que mas humano
Mas no menos valiente
Que los demás del mundo americano,
O talvez fascinado
Por la altica actitud del extrangero,
Se retiró sombrio
De la rivera de su patrio río,
La arrebatada libertad llorando,
Dejando abandonado
Al veneciano audaz al teatro inmenso
De su poder perdido, mas llevando
En el fondo del alma
Sombría soledad, fúnebre calma
Mil veces mas fatal que la tormenta!
Y ya de la comarca
Dueño Gaboto , sobre el ancho río
Se enseñoreó con su atrevida barca,
Y el pendón español flameó trinfante
En su mano arrogante
En los dominios del Timbú bravío!
Y dominó la escena
Desde la altiva almena
Del fuerte castellano Santi-Spiritus:
Primera contrucción que en este suelo
El genio levantó de la conquista,
Y que el tiempo en su vuelo,
(¿ Que hay que a su soplo destructor resista?)
En ruina ha convertido;
Monumento que primero señala
Sobre la arena movediza al paso
Del héroe hispano de inmortal memoria
A quien cabe la gloria
De haber con su ambicion arrebatado
Al salvage un magnífico diamante
Por el polvo empañado
De la barbarie feroz, para ponerlo
Pulido y fulgurante
Del progreso en la fúlgida corona !
De ese fuerte derruido
Los muros verdi-negros do se estrella
Gimiendo el olëage estremecido,
La primera jornada presenciaron
De esta historia sangrienta
Que, al través de los siglos,
Hoy las cenizas de sus ruinas cuenta!
Tras dos años de lucha formidable
En aquellas regiones, del destino
Con el génio implacable,
Sintiendo dentro el alma la nostálgia,
Hacia la dulce orilla inolvidable
De su querida España,
Volvió Gaboto de su bajel de prora:
Partió á aplacar la saña
Con que su honor, en su país, traidora
La calumnia manchará,
Dejando a Santi-Spiritu
Confiando al mando del valiente Lara.
! Ay ! de Gaboto la partida impía
La introduccion sombría
Fué de esta historia que mi lira canta,
Porque ella principió desde aquel día
En que por vez postrera
Puso el marino la atrevida planta
Del Paraná gigante en la rivera.
Y en el recinto mísero del fuerte, 
Al azar peligroso abandonados
De su ignorada suerte,
Quedaron para siempre sus soldados.
Entre aquella falange de valientes,
Dos seres venturosos existían
Cuyas almas ardientes
De un amor mutuo con la fé latian;
Amor sublime que en su altar sagrado
Santificó Himeneo:
Lucia Miranda y Sebastian Hurtado
Los conoceis ¿verdad? para su frente
Donde tejió el martirio
Su corona mas fúnebre de espina
Tienen laurel luciente
La historia de amor y la argentina!
Yo tambien  en mi historia
Sus tiernos nombres y sus glorias canto:
Inspira mis acentos su memoria,
Tesoro que del arca del pasado
Arranco, y con las flores
Del huerto de mi espíritu mezclado
Ofrezco hoy al presente
Como inmortal ejemplo
De eterno amor y de virtud ferviente.
                  III
Yo, Eloisa Benitez Millán, continuaré en breves dias el relato de Celestina Funes, prima de mi abuela.
Se titula: Lucia Miranda.
Víctima desgraciada de su propia hermosura.
Funes.


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Eloisa

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